Autor: Rubén Darío
De una juvenil inocencia,
¡qué conservar, sino el sutil
perfume, esencia de su Abril,
la más maravillosa esencia!
Por lamentar a mi conciencia
quedó de un sonoro marfil
un cuento que fue de las Mil
y una noches de mi existencia…
Scherezada se entre durmió…
El Visir quedó meditando…
Dinarzada el día olvidó…
Mas al pájaro azul volvió…
Pero…
No obstante…
Siempre…
Cuando…
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