Autor: Rubén Darío

A Mademoiselle Villagrán.

Dies irae, dies illa!
Solvet saeclum in favilla
cuando quema esa pupila!

La tierra se vuelve loca,
el cielo a la tierra invoca
cuando sonríe esa boca.

Tiemblan los lirios tempranas
y los árboles lozanos
al contacto de esas manos.

El bosque se encuentra estrecho
el egipán en acecho
cuando respira ese pecho.

Sobre los senderos es
como una fiesta, después
que se han sentido esos pies,

y el Sol, sultán de orgullosas
rosas, dice a sus hermosas
cuando en primavera están:
¡Rosas, rosas, dadme rosas
para Adela Villagrán!

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