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	<title>Recitando &#187; Garcilaso de la Vega</title>
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	<description>Poemas, poesías, rimas y versos</description>
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		<title>Égloga I</title>
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		<pubDate>Sat, 05 Apr 2008 23:58:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[Garcilaso de la Vega]]></category>

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		<description><![CDATA[El dulce lamentar de dos pastores, Salicio juntamente y Nemoroso, he de contar, sus quejas imitando; cuyas ovejas al cantar sabroso estaban muy atentas, los amores, (de pacer olvidadas) escuchando. Tú, que ganaste obrando un nombre en todo el mundo y un grado sin segundo, agora estés atento sólo y dado el ínclito gobierno del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El dulce lamentar de dos pastores,<br />
Salicio juntamente y Nemoroso,<br />
he de contar, sus quejas imitando;<br />
cuyas ovejas al cantar sabroso<br />
estaban muy atentas, los amores,<br />
(de pacer olvidadas) escuchando.<br />
Tú, que ganaste obrando<br />
un nombre en todo el mundo<br />
y un grado sin segundo,<br />
agora estés atento sólo y dado<br />
el ínclito gobierno del estado<br />
Albano; agora vuelto a la otra parte,<br />
resplandeciente, armado,<br />
representando en tierra el fiero Marte;</p>
<p>agora de cuidados enojosos<br />
y de negocios libre, por ventura<br />
andes a caza, el monte fatigando<br />
en ardiente jinete, que apresura<br />
el curso tras los ciervos temerosos,<br />
que en vano su morir van dilatando;<br />
espera, que en tornando<br />
a ser restituido<br />
al ocio ya perdido,<br />
luego verás ejercitar mi pluma<br />
por la infinita innumerable suma<br />
de tus virtudes y famosas obras,<br />
antes que me consuma,<br />
faltando a ti, que a todo el mondo sobras.</p>
<p>En tanto que este tiempo que adivino<br />
viene a sacarme de la deuda un día,<br />
que se debe a tu fama y a tu gloria<br />
(que es deuda general, no sólo mía,<br />
mas de cualquier ingenio peregrino<br />
que celebra lo digno de memoria),<br />
el árbol de victoria,<br />
que ciñe estrechamente<br />
tu gloriosa frente,<br />
dé lugar a la hiedra que se planta<br />
debajo de tu sombra, y se levanta<br />
poco a poco, arrimada a tus loores;<br />
y en cuanto esto se canta,<br />
escucha tú el cantar de mis pastores.</p>
<p>Saliendo de las ondas encendido,<br />
rayaba de los montes al altura<br />
el sol, cuando Salicio, recostado<br />
al pie de un alta haya en la verdura,<br />
por donde un agua clara con sonido<br />
atravesaba el fresco y verde prado,<br />
él, con canto acordado<br />
al rumor que sonaba,<br />
del agua que pasaba,<br />
se quejaba tan dulce y blandamente<br />
como si no estuviera de allí ausente<br />
la que de su dolor culpa tenía;<br />
y así, como presente,<br />
razonando con ella, le decía:</p>
<p><strong>Salicio:</strong></p>
<p>¡Oh más dura que mármol a mis quejas,<br />
y al encendido fuego en que me quemo<br />
más helada que nieve, Galatea!,<br />
estoy muriendo, y aún la vida temo;<br />
témola con razón, pues tú me dejas,<br />
que no hay, sin ti, el vivir para qué sea.<br />
Vergüenza he que me vea<br />
ninguno en tal estado,<br />
de ti desamparado,<br />
y de mí mismo yo me corro agora.<br />
¿De un alma te desdeñas ser señora,<br />
donde siempre moraste, no pudiendo<br />
de ella salir un hora?<br />
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.</p>
<p>El sol tiende los rayos de su lumbre<br />
por montes y por valles, despertando<br />
las aves y animales y la gente:<br />
cuál por el aire claro va volando,<br />
cuál por el verde valle o alta cumbre<br />
paciendo va segura y libremente,<br />
cuál con el sol presente<br />
va de nuevo al oficio,<br />
y al usado ejercicio<br />
do su natura o menester le inclina,<br />
siempre está en llanto esta ánima mezquina,<br />
cuando la sombra el mondo va cubriendo,<br />
o la luz se avecina.<br />
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.</p>
<p>¿Y tú, de esta mi vida ya olvidada,<br />
sin mostrar un pequeño sentimiento<br />
de que por ti Salicio triste muera,<br />
dejas llevar (¡desconocida!) al viento<br />
el amor y la fe que ser guardada<br />
eternamente sólo a mí debiera?<br />
¡Oh Dios!, ¿por qué siquiera,<br />
(pues ves desde tu altura<br />
esta falsa perjura<br />
causar la muerte de un estrecho amigo)<br />
no recibe del cielo algún castigo?<br />
Si en pago del amor yo estoy muriendo,<br />
¿qué hará el enemigo?<br />
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.</p>
<p>Por ti el silencio de la selva umbrosa,<br />
por ti la esquividad y apartamiento<br />
del solitario monte me agradaba;<br />
por ti la verde hierba, el fresco viento,<br />
el blanco lirio y colorada rosa<br />
y dulce primavera deseaba.<br />
¡Ay, cuánto me engañaba!<br />
¡Ay, cuán diferente era<br />
y cuán de otra manera<br />
lo que en tu falso pecho se escondía!<br />
Bien claro con su voz me lo decía<br />
la siniestra corneja, repitiendo<br />
la desventura mía.<br />
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.</p>
<p>¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta,<br />
(reputándolo yo por desvarío)<br />
vi mi mal entre sueños, desdichado!<br />
Soñaba que en el tiempo del estío<br />
llevaba, por pasar allí la sienta,<br />
a beber en el Tajo mi ganado;<br />
y después de llegado,<br />
sin saber de cuál arte,<br />
por desusada parte<br />
y por nuevo camino el agua se iba;<br />
ardiendo yo con la calor estiva,<br />
el curso enajenado iba siguiendo<br />
del agua fugitiva.<br />
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.</p>
<p>Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?<br />
Tus claros ojos ¿a quién los volviste?<br />
¿Por quién tan sin respeto me trocaste?<br />
Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste?<br />
¿Cuál es el cuello que, como en cadena,<br />
de tus hermosos brazos anudaste?<br />
No hay corazón que baste,<br />
aunque fuese de piedra,<br />
viendo mi amada hiedra,<br />
de mí arrancada, en otro muro asida,<br />
y mi parra en otro olmo entretejida,<br />
que no se esté con llanto deshaciendo<br />
hasta acabar la vida.<br />
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.</p>
<p>¿Qué no se esperará de aquí adelante,<br />
por difícil que sea y por incierto?<br />
O ¿qué discordia no será juntada?,<br />
y juntamente ¿qué tendrá por cierto,<br />
o qué de hoy más no temerá el amante,<br />
siendo a todo materia por ti dada?<br />
Cuando tú enajenada<br />
de mi cuidado fuiste,<br />
notable causa diste,<br />
y ejemplo a todos cuantos cubre el cielo,<br />
que el más seguro tema con recelo<br />
perder lo que estuviere poseyendo.<br />
Salid fuera sin duelo,<br />
salid sin duelo, lágrimas, corriendo.</p>
<p>Materia diste al mundo de esperanza<br />
de alcanzar lo imposible y no pensado,<br />
y de hacer juntar lo diferente,<br />
dando a quien diste el corazón malvado,<br />
quitándolo de mí con tal mudanza<br />
que siempre sonará de gente en gente.<br />
La cordera paciente<br />
con el lobo hambriento<br />
hará su ayuntamiento,<br />
y con las simples aves sin ruido<br />
harán las bravas sierpes ya su nido;<br />
que mayor diferencia comprendo<br />
de ti al que has escogido.<br />
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.</p>
<p>Siempre de nueva leche en el verano<br />
y en el invierno abundo; en mi majada<br />
la manteca y el queso está sobrado;<br />
de mi cantar, pues, yo te vi agradada<br />
tanto que no pudiera el mantuano<br />
Títiro ser de ti más alabado.<br />
No soy, pues, bien mirado,<br />
tan disforme ni feo;<br />
que aún agora me veo<br />
en esta agua que corre clara y pura,<br />
y cierto no trocara mi figura<br />
con ese que de mí se está riendo;<br />
¡trocara mi ventura!<br />
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.</p>
<p>¿Cómo te vine en tanto menosprecio?<br />
¿Cómo te fui tan presto aborrecible?<br />
¿Cómo te faltó en mí el conocimiento?<br />
Si no tuvieras condición terrible,<br />
siempre fuera tenido de ti en precio,<br />
y no viera de ti este apartamiento.<br />
¿No sabes que sin cuento<br />
buscan en el estío<br />
mis ovejas el frío<br />
de la sierra de Cuenca, y el gobierno<br />
del abrigado Estremo en el invierno?<br />
Mas ¡qué vale el tener, si derritiendo<br />
me estoy en llanto eterno!<br />
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.</p>
<p>Con mi llorar las piedras enternecen<br />
su natural dureza y la quebrantan;<br />
los árboles parece que se inclinan:<br />
las aves que me escuchan, cuando cantan,<br />
con diferente voz se condolecen,<br />
y mi morir cantando me adivinan.<br />
Las fieras, que reclinan<br />
su cuerpo fatigado,<br />
dejan el sosegado<br />
sueño por escuchar mi llanto triste.<br />
Tú sola contra mí te endureciste,<br />
los ojos aún siquiera no volviendo<br />
a lo que tú hiciste.<br />
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.</p>
<p>Mas ya que a socorrerme aquí no vienes,<br />
no dejes el lugar que tanto amaste,<br />
que bien podrás venir de mí segura;<br />
yo dejaré el lugar do me dejaste;<br />
ven, si por sólo esto te detienes;<br />
ves aquí un prado lleno de verdura,<br />
ves aquí una espesura,<br />
ves aquí una agua clara,<br />
en otro tiempo cara,<br />
a quien de ti con lágrimas me quejo.<br />
Quizá aquí hallarás (pues yo me alejo)<br />
al que todo mi bien quitarme puede;<br />
que pues el bien le dejo,<br />
no es mucho que el lugar también le quede.</p>
<p>Aquí dio fin a su cantar Salicio,<br />
y suspirando en el postrero acento,<br />
soltó de llanto una profunda vena.<br />
Queriendo el monte al grave sentimiento<br />
de aquel dolor en algo ser propicio,<br />
con la pesada voz retumba y suena.<br />
La blanca Filomena,<br />
casi como dolida<br />
y a compasión movida,<br />
dulcemente responde al son lloroso.<br />
Lo que cantó tras esto Nemoroso<br />
decidlo vos Piérides, que tanto<br />
no puedo yo, ni oso,<br />
que siento enflaquecer mi débil canto.</p>
<p><strong>Nemoroso:</strong></p>
<p>Corrientes aguas, puras, cristalinas,<br />
árboles que os estáis mirando en ellas,<br />
verde prado, de fresca sombra lleno,<br />
aves que aquí sembráis vuestras querellas,<br />
hiedra que por los árboles caminas,<br />
torciendo el paso por su verde seno:<br />
yo me vi tan ajeno<br />
del grave mal que siento,<br />
que de puro contento<br />
con vuestra soledad me recreaba,<br />
donde con dulce sueño reposaba,<br />
o con el pensamiento discurría<br />
por donde no hallaba<br />
sino memorias llenas de alegría.</p>
<p>Y en este mismo valle, donde agora<br />
me entristezco y me canso, en el reposo<br />
estuve ya contento y descansado.<br />
¡Oh bien caduco, vano y presuroso!<br />
Acuérdome, durmiendo aquí alguna hora,<br />
que despertando, a Elisa vi a mi lado.<br />
¡Oh miserable hado!<br />
¡Oh tela delicada,<br />
antes de tiempo dada<br />
a los agudos filos de la muerte!<br />
Más convenible fuera aquesta suerte<br />
a los cansados años de mi vida,<br />
que es más que el hierro fuerte,<br />
pues no la ha quebrantado tu partida.</p>
<p>¿Dó están agora aquellos claros ojos<br />
que llevaban tras sí, como colgada,<br />
mi ánima doquier que ellos se volvían?<br />
¿Dó está la blanca mano delicada,<br />
llena de vencimientos y despojos<br />
que de mí mis sentidos le ofrecían?<br />
Los cabellos que vían<br />
con gran desprecio al oro,<br />
como a menor tesoro,<br />
¿adónde están?  ¿Adónde el blando pecho?<br />
¿Dó la columna que el dorado techo<br />
con presunción graciosa sostenía?<br />
Aquesto todo agora ya se encierra,<br />
por desventura mía,<br />
en la fría, desierta y dura tierra.</p>
<p>¿Quién me dijera, Elisa, vida mía,<br />
cuando en aqueste valle al fresco viento<br />
andábamos cogiendo tiernas flores,<br />
que había de ver con largo apartamiento<br />
venir el triste y solitario día<br />
que diese amargo fin a mis amores?<br />
El cielo en mis dolores<br />
cargó la mano tanto,<br />
que a sempiterno llanto<br />
y a triste soledad me ha condenado;<br />
y lo que siento más es verme atado<br />
a la pesada vida y enojosa,<br />
solo, desamparado,<br />
ciego, sin lumbre, en cárcel tenebrosa.      </p>
<p>Después que nos dejaste, nunca pace<br />
en hartura el ganado ya, ni acude<br />
el campo al labrador con mano llena.<br />
No hay bien que en mal no se convierta y mude:<br />
la mala hierba al trigo ahoga, y nace<br />
en lugar suyo la infelice avena;<br />
la tierra, que de buena<br />
gana nos producía<br />
flores con que solía<br />
quitar en sólo vellas mil enojos,<br />
produce agora en cambio estos abrojos,<br />
ya de rigor de espinas intratable;<br />
yo hago con mis ojos<br />
crecer, llorando, el fruto miserable.</p>
<p>Como al partir del sol la sombra crece,<br />
y en cayendo su rayo se levanta<br />
la negra escuridad que el mundo cubre,<br />
de do viene el temor que nos espanta,<br />
y la medrosa forma en que se ofrece<br />
aquello que la noche nos encubre,<br />
hasta que el sol descubre<br />
su luz pura y hermosa:<br />
tal es la tenebrosa<br />
noche de tu partir, en que he quedado<br />
de sombra y de temor atormentado,<br />
hasta que muerte el tiempo determine<br />
que a ver el deseado<br />
sol de tu clara vista me encamine.</p>
<p>Cual suele el ruiseñor con triste canto<br />
quejarse, entre las hojas escondido,<br />
del duro labrador, que cautamente<br />
le despojó su caro y dulce nido<br />
de los tiernos hijuelos, entre tanto<br />
que del amado ramo estaba ausente,<br />
y aquel dolor que siente<br />
con diferencia tanta<br />
por la dulce garganta<br />
despide, y a su canto el aire suena,<br />
y la callada noche no refrena<br />
su lamentable oficio y sus querellas,<br />
trayendo de su pena<br />
al cielo por testigo y las estrellas;</p>
<p>desta manera suelto yo la rienda<br />
a mi dolor, y así me quejo en vano<br />
de la dureza de la muerte airada.<br />
Ella en mi corazón metió la mano,<br />
y de allí me llevó mi dulce prenda,<br />
que aquél era su nido y su morada.<br />
¡Ay muerte arrebatada!<br />
Por ti me estoy quejando<br />
al cielo y enojando<br />
con importuno llanto al mundo todo:<br />
tan desigual dolor no sufre modo.<br />
No me podrán quitar el dolorido<br />
sentir, si ya del todo<br />
primero no me quitan el sentido.</p>
<p>Una parte guardé de tus cabellos,<br />
Elisa, envueltos en un blanco paño,<br />
que nunca de mi seno se me apartan;<br />
descójolos, y de un dolor tamaño<br />
enternecerme siento, que sobre ellos<br />
nunca mis ojos de llorar se hartan.<br />
Sin que de allí se partan,<br />
con sospiros calientes,<br />
más que la llama ardientes,<br />
los enjugo del llanto, y de consuno<br />
casi los paso y cuento uno a uno;<br />
juntándolos, con un cordón los ato.<br />
Tras esto el importuno<br />
dolor me deja descansar un rato.</p>
<p>Mas luego a la memoria se me ofrece<br />
aquella noche tenebrosa, escura,<br />
que siempre aflige esta ánima mezquina<br />
con la memoria de mi desventura<br />
Verte presente agora me parece<br />
en aquel duro trance de Lucina,<br />
y aquella voz divina,<br />
con cuyo son y acentos<br />
a los airados vientos<br />
pudieras amansar, que agora es muda.<br />
Me parece que oigo que a la cruda,<br />
inexorable diosa demandabas<br />
en aquel paso ayuda;<br />
y tú, rústica diosa, ¿dónde estabas?</p>
<p>¿Ibate tanto en perseguir las fieras?<br />
¿Ibate tanto en un pastor dormido?<br />
¿Cosa pudo bastar a tal crüeza,<br />
que, conmovida a compasión, oído<br />
a los votos y lágrimas no dieras,<br />
por no ver hecha tierra tal belleza,<br />
o no ver la tristeza<br />
en que tu Nemoroso<br />
queda, que su reposo<br />
era seguir tu oficio, persiguiendo<br />
las fieras por los monte, y ofreciendo<br />
a tus sagradas aras los despojos?<br />
¿Y tú, ingrata, riendo<br />
dejas morir mi bien ante los ojos?</p>
<p>Divina Elisa, pues agora el cielo<br />
con inmortales pies pisas y mides,<br />
y su mudanza ves, estando queda,<br />
¿por qué de mí te olvidas y no pides<br />
que se apresure el tiempo en que este velo<br />
rompa del cuerpo, y verme libre pueda,<br />
y en la tercera rueda,<br />
contigo mano a mano,<br />
busquemos otro llano,<br />
busquemos otros montes y otros ríos,<br />
otros valles floridos y sombríos,<br />
do descansar y siempre pueda verte<br />
ante los ojos míos,<br />
sin miedo y sobresalto de perderte?</p>
<p>Nunca pusieran fin al triste lloro<br />
los pastores, ni fueran acabadas<br />
las canciones que sólo el monte oía,<br />
si mirando las nubes coloradas,<br />
al tramontar del sol bordadas de oro,<br />
no vieran que era ya pasado el día,<br />
la sombra se veía<br />
venir corriendo apriesa<br />
ya por la falda espesa<br />
del altísimo monte, y recordando<br />
ambos como de sueño, y acabando<br />
el fugitivo sol, de luz escaso,<br />
su ganado llevando,<br />
se fueran recogiendo paso a paso.</p>
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		</item>
		<item>
		<title>SONETO I</title>
		<link>http://www.recitando.com/autores/garcilaso-de-la-vega/soneto-i/</link>
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		<pubDate>Sat, 05 Apr 2008 23:54:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[Garcilaso de la Vega]]></category>

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		<description><![CDATA[Cuando me paro a contemplar mi estado y a ver los pasos por dó me ha traído, hallo, según por do anduve perdido, que a mayor mal pudiera haber llegado; mas cuando del camino estoy olvidado, a tanto mal no sé por dó he venido: sé que me acabo, y mas he yo sentido ver [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Cuando me paro a contemplar mi estado<br />
y a ver los pasos por dó me ha traído,<br />
hallo, según por do anduve perdido,<br />
que a mayor mal pudiera haber llegado; </p>
<p>mas cuando del camino estoy olvidado,<br />
a tanto mal no sé por dó he venido:<br />
sé que me acabo, y mas he yo sentido<br />
ver acabar conmigo mi cuidado. </p>
<p>Yo acabaré, que me entregué sin arte<br />
a quien sabrá perderme y acabarme,<br />
si quisiere, y aun sabrá querello: </p>
<p>que pues mi voluntad puede matarme,<br />
la suya, que no es tanto de mi parte,<br />
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?</p>
<p><strong>II</strong></p>
<p>En fin, a vuestras manos he venido,<br />
do sé que he de morir tan apretado,<br />
que aun aliviar con quejas mi cuidado,<br />
como remedio, me es ya defendido; </p>
<p>mi vida no sé en qué se ha sostenido,<br />
si no es en haber sido yo guardado<br />
para que sólo en mí fuese probado<br />
cuanto corta una espada en un rendido. </p>
<p>Mis lágrimas han sido derramadas<br />
donde la sequedad y la aspereza<br />
dieron mal fruto dellas y mi suerte: </p>
<p>¡basten las que por vos tengo lloradas;<br />
no os venguéis más de mí con mi flaqueza;<br />
allá os vengad, señora, con mi muerte!</p>
<p><strong>III</strong></p>
<p>La mar en medio y tierras he dejado<br />
de cuanto bien, cuitado, yo tenía;<br />
y yéndome alejando cada día,<br />
gentes, costumbres, lenguas he pasado. </p>
<p>Ya de volver estoy desconfiado;<br />
pienso remedios en mi fantasía;<br />
y el que más cierto espero es aquel día<br />
que acabará la vida y el cuidado. </p>
<p>De cualquier mal pudiera socorrerme<br />
con veros yo, señora, o esperallo,<br />
si esperallo pudiera sin perdello; </p>
<p>mas no de veros ya para valerme,<br />
si no es morir, ningún remedio hallo,<br />
y si éste lo es, tampoco podré habello.</p>
<p><strong>IV</strong></p>
<p>Un rato se levanta mi esperanza:<br />
mas, cansada de haberse levantado,<br />
torna a caer, que deja, mal mi grado,<br />
libre el lugar a la desconfianza. </p>
<p>¿Quién sufrirá tan áspera mudanza<br />
del bien al mal? ¡Oh corazón cansado!<br />
Esfuerza en la miseria de tu estado;<br />
que tras fortuna suele haber bonanza. </p>
<p>Yo mesmo emprenderé a fuerza de brazos<br />
romper un monte, que otro no rompiera,<br />
de mil inconvenientes muy espeso. </p>
<p>Muerte, prisión no pueden, ni embarazos,<br />
quitarme de ir a veros, como quiera,<br />
desnudo espirtu o hombre en carne y hueso.</p>
<p><strong>V</strong></p>
<p>Escrito está en mi alma vuestro gesto,<br />
y cuanto yo escribir de vos deseo;<br />
vos sola lo escribisteis, yo lo leo<br />
tan solo, que aun de vos me guardo en esto. </p>
<p>En esto estoy y estaré siempre puesto;<br />
que aunque no cabe en mí cuanto en vos veo,<br />
de tanto bien lo que no entiendo creo,<br />
tomando ya la fe por presupuesto. </p>
<p>Yo no nací sino para quereros;<br />
mi alma os ha cortado a su medida;<br />
por hábito del alma mismo os quiero. </p>
<p>Cuando tengo confieso yo deberos;<br />
por vos nací, por vos tengo la vida,<br />
por vos he de morir, y por vos muero.</p>
<p><strong>VI</strong></p>
<p>Por ásperos caminos he llegado<br />
a parte que de miedo no me muevo;<br />
y si a mudarme a dar un paso pruebo,<br />
y allí por los cabellos soy tornado. </p>
<p>Mas tal estoy, que con la muerte al lado<br />
busco de mi vivir consejo nuevo;<br />
y conozco el mejor y el peor apruebo,<br />
o por costumbre mala o por mi hado. </p>
<p>Por otra parte, el breve tiempo mío,<br />
y el errado proceso de mis años,<br />
en su primer principio y en su medio, </p>
<p>mi inclinación, con quien ya no porfío,<br />
la cierta muerte, fin de tantos daños,<br />
me hacen descuidar de mi remedio.</p>
<p><strong>VII</strong></p>
<p>No pierda más quien ha tanto perdido,<br />
bástate, amor, lo que ha por mí pasado;<br />
válgame agora jamás haber probado<br />
a defenderme de lo que has querido. </p>
<p>Tu templo y sus paredes he vestido<br />
de mis mojadas ropas y adornado,<br />
como acontece a quien ha ya escapado<br />
libre de la tormenta en que se vido. </p>
<p>Yo había jurado nunca más meterme,<br />
a poder mío y mi consentimiento,<br />
en otro tal peligro, como vano. </p>
<p>Mas del que viene no podré valerme;<br />
y en esto no voy contra el juramento;<br />
que ni es como los otros ni en mi mano.</p>
<p><strong>VIII</strong></p>
<p>De aquella vista buena y excelente<br />
salen espirtus vivos y encendidos,<br />
y siendo por mis ojos recibidos,<br />
me pasan hasta donde el mal se siente. </p>
<p>Entránse en el camino fácilmente,<br />
con los míos, de tal calor movidos,<br />
salen fuera de mí como perdidos,<br />
llamados de aquel bien que está presente. </p>
<p>Ausente, en la memoria la imagino;<br />
mis espirtus, pensando que la vían,<br />
se mueven y se encienden sin medida; </p>
<p>mas no hallando fácil el camino,<br />
que los suyos entrando derretían,<br />
revientan por salir do no hay salida.</p>
<p><strong>IX</strong></p>
<p>Señora mía, si yo de vos ausente<br />
en esta vida turo y no me muero,<br />
paréceme que ofendo a lo que os quiero,<br />
y al bien de que gozaba en ser presente; </p>
<p>tras éste luego siento otro accidente,<br />
que es ver que si de vida desespero,<br />
yo pierdo cuanto bien bien de vos espero;<br />
y ansí ando en lo que siento diferente. </p>
<p>En esta diferencia mis sentidos<br />
están, en vuestra ausencia y en porfía,<br />
no sé ya que hacerme en tal tamaño. </p>
<p>Nunca entre sí los veo sino reñidos;<br />
de tal arte pelean noche y día,<br />
que sólo se conciertan en mi daño.</p>
<p><strong>X</strong></p>
<p>¡Oh dulces prendas, por mí mal halladas,<br />
dulces y alegres cuando Dios quería,<br />
Juntas estáis en la memoria mía,<br />
y con ella en mi muerte conjuradas! </p>
<p>¿Quién me dijera, cuando las pasadas<br />
horas que en tanto bien por vos me vía,<br />
que me habiáis de ser en algún día<br />
con tan grave dolor representadas? </p>
<p>Pues en una hora junto me llevastes<br />
todo el bien que por términos me distes,<br />
lleváme junto el mal que me dejastes; </p>
<p>si no, sospecharé que me pusistes<br />
en tantos bienes, porque deseastes<br />
verme morir entre memorias tristes.</p>
<p><strong>XI</strong></p>
<p>Hermosas ninfas, que, en el río metidas,<br />
contentas habitáis en las moradas<br />
de relucientes piedras fabricadas<br />
y en columnas de vidrio sostenidas;<br />
agora estéis labrando embebecidas<br />
o tejiendo las telas delicadas,<br />
agora unas con otras apartadas<br />
contándoos los amores y las vidas: </p>
<p>dejad un rato la labor, alzando<br />
vuestras rubias cabezas a mirarme,<br />
y no os detendréis mucho según ando, </p>
<p>que o no podréis de lástima escucharme,<br />
o convertido en agua aquí llorando,<br />
podréis allá despacio consolarme.</p>
<p><strong>XII</strong></p>
<p>Si para refrenar este deseo<br />
loco, imposible, vano, temeroso,<br />
y guarecer de un mal tan peligroso,<br />
que es darme a entender yo lo que no creo. </p>
<p>No me aprovecha verme cual me veo,<br />
o muy aventurado o muy medroso,<br />
en tanta confusión que nunca oso<br />
fiar el mal de mí que lo poseo, </p>
<p>¿qué me ha de aprovechar ver la pintura<br />
de aquél que con las alas derretidas<br />
cayendo, fama y nombre al mar ha dado, </p>
<p>y la del que su fuego y su locura<br />
llora entre aquellas plantas conocidas<br />
apenas en el agua resfriado?</p>
<p><strong>XIII</strong></p>
<p>A Dafne ya los brazos le crecían,<br />
y en luengos ramos vueltos se mostraba;<br />
en verdes hojas vi que se tornaban<br />
los cabellos que el oro escurecían. </p>
<p>De áspera corteza se cubrían<br />
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:<br />
los blancos pies en tierra se hincaban,<br />
y en torcidas raíces se volvían. </p>
<p>Aquel que fue la causa de tal daño,<br />
a fuerza de llorar, crecer hacía<br />
este árbol que con lágrimas regaba. </p>
<p>¡Oh miserable estado! ¡oh mal tamaño!<br />
¡Que con llorarla crezca cada día<br />
la causa y la razón porque lloraba!</p>
<p><strong>XIV</strong></p>
<p>Como la tierna madre, que el doliente<br />
hijo le está con lágrimas pidiendo<br />
alguna cosa, de la cual comiendo,<br />
sabe que ha de doblarse el mal que siente. </p>
<p>Y aquel piadoso amor no le consiente<br />
que considere el daño que, haciendo<br />
lo que le pide hace, va corriendo<br />
y aplaca el llanto y dobla el accidente, </p>
<p>así a mi enfermo y loco pensamiento,<br />
que en su daño os me pide, yo querría<br />
quitarle este mortal mantenimiento. </p>
<p>Mas pídemele y llora cada día<br />
tanto que cuanto quiere le consiento,<br />
olvidando su muerte, y aun la mía.</p>
<p><strong>XV</strong></p>
<p>Si quejas y lamentos pueden tanto,<br />
que enfrenaron el curso de los ríos,<br />
y en los diversos montes y sombríos<br />
los árboles movieron con su canto; </p>
<p>si convertieron a escuchar su llanto<br />
los fieros tigres, y peñascos fríos;<br />
si, en fin, con menos casos que los míos<br />
bajaron a los reinos del espanto, </p>
<p>¿por qué no ablandará mi trabajosa<br />
vida, en miseria y lágrimas pasada,<br />
un corazón conmigo endurecido? </p>
<p>Con más piedad debría ser escuchada<br />
la voz del que se llora por perdido<br />
que la del que perdió y llora otra cosa.</p>
<p><strong>XVI</strong></p>
<p>No las francesas armas odïosas,<br />
en contra puestas del airado pecho,<br />
ni en los guardados muros con pertecho<br />
los tiros y saetas ponzoñosas; </p>
<p>no las escaramuzas peligrosas,<br />
ni aquel fiero rüido contrahecho<br />
de aquel que para Júpiter fue hecho,<br />
por manos de Vulcano artificiosas, </p>
<p>pudieron, aunque más yo me ofrecía<br />
a los peligros de la dura guerra,<br />
quitar una hora sola de mi hado. </p>
<p>Mas infición del aire en sólo un día<br />
me quitó el mundo, y me ha en ti sepultado,<br />
Parténope, tan lejos de mi tierra.</p>
<p><strong>XVII</strong></p>
<p>Pensando que el camino iba derecho,<br />
vine a parar en tanta desventura,<br />
que imaginar no puedo, aún con locura,<br />
algo de que esté un rato satisfecho. </p>
<p>El ancho campo me parece estrecho,<br />
la noche clara para mí es escura;<br />
la dulce compañía, amarga y dura,<br />
y duro campo de batalla el lecho. </p>
<p>Del sueño, si hay alguno, aquella parte<br />
sola, que es imagen de la muerte,<br />
se aviene con el alma fatigada. </p>
<p>En fin que como quiera estoy de arte,<br />
que juzgo ya por hora menos fuerte,<br />
aunque en ella me vi, la que es pasada.</p>
<p><strong>XVIII</strong></p>
<p>Si a vuestra voluntad yo soy de cera,<br />
y por sol tengo sólo vuestra vista,<br />
la cual a quien no inflama o no conquista<br />
con su mirar, es de sentido fuera; </p>
<p>¿de do viene una cosa, que, si fuera<br />
menos veces de mí probada y vista,<br />
según parece que a razón resista,<br />
a mi sentido mismo no creyera? </p>
<p>Y es que yo soy de lejos inflamado<br />
de vuestra ardiente vista y encendido<br />
tanto, que en vida me sostengo apenas; </p>
<p>mas si de cerca soy acometido<br />
de vuestros ojos, luego siento helado<br />
cuajárseme la sangre por las venas.</p>
<p><strong>XIX</strong></p>
<p>Julio, después que me partí llorando<br />
de quien jamás mi pensamiento parte,<br />
y dejé de mi alma aquella parte<br />
que al cuerpo vida y fuerza estaba dando, </p>
<p>de mi bien a mí mismo voy tomando<br />
estrecha cuenta, y siento de tal arte<br />
faltarme todo el bien, que temo en parte<br />
que ha de faltarme el aire sospirando; </p>
<p>y con este temor mi lengua prueba<br />
a razonar con vos, oh dulce amigo,<br />
del amarga memoria de aquel día </p>
<p>en que yo comencé como testigo<br />
a poder dar, del alma vuestra, nueva<br />
y a saberla de vos del alma mía.</p>
<p><strong>XX</strong></p>
<p>Con tal fuerza y vigor son concertados<br />
para mi perdición los duros vientos,<br />
que cortaron mis tiernos pensamientos<br />
luego que sobre mí fueron mostrados. </p>
<p>El mal es que me quedan los cuidados<br />
en salvo destos acontecimientos,<br />
que son duros, y tienen fundamientos<br />
en todos mis sentidos bien echados. </p>
<p>Aunque por otra parte no me duelo,<br />
ya que el bien me dejó con su partida,<br />
del grave mal que en mí está de contino; </p>
<p>antes con él me abrazo y me consuelo;<br />
porque en proceso de tan dura vida<br />
ataje la largueza del camino.</p>
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