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	<title>Recitando &#187; José de Espronceda</title>
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	<description>Poemas, poesías, rimas y versos</description>
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		<title>LA CAUTIVA</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Apr 2008 00:37:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[José de Espronceda]]></category>

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		<description><![CDATA[Ya el sol esconde sus rayos, el mundo en sombras se vela, el ave a su nido vuela, busca asilo el trovador. Todo calla: en pobre cama duerme el pastor venturoso, en su lecho suntuoso se agita insomne el señor. Se agita: mas ¡ay! reposa al fin en su patrio suelo, no llora en mísero [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Ya el sol esconde sus rayos,<br />
el mundo en sombras se vela,<br />
el ave a su nido vuela,<br />
busca asilo el trovador.<br />
Todo calla: en pobre cama<br />
duerme el pastor venturoso,<br />
en su lecho suntuoso<br />
se agita insomne el señor.</p>
<p>Se agita: mas ¡ay! reposa<br />
al fin en su patrio suelo,<br />
no llora en mísero duelo<br />
la libertad que perdió:<br />
los campos ve qua a su infancia<br />
horas dieron de contento,<br />
su oído halaga el acento<br />
del país donde nació.</p>
<p>No gime ilustre cautivo<br />
entre doradas cadenas,<br />
que si bien de encanto llenas,<br />
al cabo cadenas son.<br />
Si acaso triste lamenta,<br />
en torno ve a sus amigos,<br />
que, de su pena testigos,<br />
consuelan su corazón.</p>
<p>La arrogante ergida palma<br />
que en el desierto florece,<br />
al viajero sombra ofrece,<br />
descanso y grato manjar:<br />
y, aunque sola, allí es querida<br />
del árabe errante y fiero,<br />
que siempre va placentero<br />
a su sombra a reposar.</p>
<p>Mas ¡ay triste! yo cautiva,<br />
huérfana y sola suspiro,<br />
el clima extraño respiro,<br />
y amo a un estraño también;<br />
no hallan mis ojos mi patria;<br />
humo has sido mis amores;<br />
nadie calma mis dolores,<br />
y en celos me siento arder.</p>
<p>¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?&#8230; no puedo,<br />
ni ceder a mi tristura,<br />
ni consuelo en mi amargura<br />
podré jamás encontrar.<br />
Supe amar como ninguna,<br />
supe amar correspondida;<br />
despreciada, aborrecida;<br />
¿No sabré también odiar?</p>
<p>¡Adiós, patria! ¡adiós, amores!<br />
la infeliz Zoraida ahora<br />
sólo venganzas implora,<br />
ya condenada a morir.<br />
No soy yo del castellano<br />
la sumisa enamorada,<br />
soy la cautiva cansada<br />
ya de dejarse oprimir.</p>
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		<title>A LA MUERTE DE TORRIJOS Y SUS COMPAÑEROS</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Apr 2008 00:36:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[José de Espronceda]]></category>

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		<description><![CDATA[Helos allí: junto a la mar bravía cadáveres están ¡ay! los que fueron honra del libre, y con su muerte dieron almas al cielo, a España nombradía. Ansia de patria y libertad henchía sus nobles pechos que jamás temieron, y las costas de Málaga los vieron cual sol de gloria en desdichado día. Españoles, llorad; [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Helos allí: junto a la mar bravía<br />
cadáveres están ¡ay! los que fueron<br />
honra del libre, y con su muerte dieron<br />
almas al cielo, a España nombradía.</p>
<p>Ansia de patria y libertad henchía<br />
sus nobles pechos que jamás temieron,<br />
y las costas de Málaga los vieron<br />
cual sol de gloria en desdichado día.</p>
<p>Españoles, llorad; mas vuestro llanto<br />
lágrimas de dolor y sangre sean,<br />
sangre que ahogue a siervos y opresores,</p>
<p>y los viles tiranos con espanto<br />
siempre delante amenazando vean<br />
alzarse sus espectros vengadores.<br />
José de Espronceda</p>
<p><em>*José María Torrijos (1791-1831) militar español<br />
de ideas liberales, fusilado en la playa de Málaga.</em></p>
]]></content:encoded>
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		<title>SONETO</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Apr 2008 00:35:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[José de Espronceda]]></category>

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		<description><![CDATA[Fresca, lozana, pura y olorosa, gala y adorno del pensil florido, gallarda puesta sobre el ramo erguido, fragancia esparce la naciente rosa. Mas si el ardiente sol lumbre enojosa vibra del can en llamas encendido, el dulce aroma y el color perdido, sus hojas lleva el aura presurosa. Así brilló un momento mi vena en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Fresca, lozana, pura y olorosa,<br />
gala y adorno del pensil florido,<br />
gallarda puesta sobre el ramo erguido,<br />
fragancia esparce la naciente rosa.</p>
<p>Mas si el ardiente sol lumbre enojosa<br />
vibra del can en llamas encendido,<br />
el dulce aroma y el color perdido,<br />
sus hojas lleva el aura presurosa.</p>
<p>Así brilló un momento mi vena<br />
en alas del amor, y hermosa nube<br />
fingí tal vez de gloria y de alegría.</p>
<p>Mas ¡ay! que el bien trocóse en amargura,<br />
y deshojada por los aires sube<br />
la dulce flor de la esperanza mía.</p>
]]></content:encoded>
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		<item>
		<title>CANTO II A TERESA &#8211; DESCANSA EN PAZ</title>
		<link>http://www.recitando.com/autores/jose-de-espronceda/canto-ii-a-teresa-descansa-en-paz/</link>
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		<pubDate>Sun, 06 Apr 2008 00:32:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[José de Espronceda]]></category>

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		<description><![CDATA[Bueno es el mundo, ¡bueno!, ¡bueno!, ¡bueno! Como de Dios al fin obra maestra, Por todas partes de delicias lleno, De que Dios ama al hombre hermosa muestra; Salga la voz alegre de mi seno A celebrar esta vivienda nuestra: ¡Paz a los hombres!, ¡gloria en las altruas! ¡Cantad en vuestra jaula, criaturas! ( por [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><em>Bueno es el mundo, ¡bueno!, ¡bueno!, ¡bueno!<br />
Como de Dios al fin obra maestra,<br />
Por todas partes de delicias lleno,<br />
De que Dios ama al hombre hermosa muestra;<br />
Salga la voz alegre de mi seno<br />
A celebrar esta vivienda nuestra:<br />
¡Paz a los hombres!, ¡gloria en las altruas!<br />
¡Cantad en vuestra jaula, criaturas!<br />
(<María> por D. Miguel de los Santos Alvarez.)</em></p>
<p>¿Por qué volvéis a la memoria mía,<br />
Tristes recuerdos del placer perdido,<br />
A aumentar la ansiedad y la agonía<br />
De este desierto corazón herido?<br />
¡Ay!, que de aquellas horas de alegría<br />
Le quedó al corazón sólo un gemido,<br />
¡Y el llanto que al dolor los ojos niegan,<br />
Lágrimas son de hiel que el alma anegan!</p>
<p>¿Dónde volaron, ¡ay!, aquellas horas<br />
De juventud, de amor y de ventura,<br />
Regaladas de músicas sonoras,<br />
Adornadas de luz y de hermosura?<br />
Imágenes de oro bullidoras,<br />
Sus alas de carmín y nieve pura,<br />
Al sol de mi esperanza desplegando,<br />
Pasaban, ¡ay!, a mi alrededor cantando.</p>
<p>Gorjeaban los dulces ruiseñores,<br />
El sol iluminaba mi alegría,<br />
El aura susurraba entre las flores,<br />
El bosque mansamente respondía,<br />
Las fuentes murmuraban sus amores&#8230;<br />
¡Ilusiones que llora el alma mía!<br />
¡Oh! ¡Cuán suave resonó en mi oído<br />
el bullicio del mundo y su ruïdo.!</p>
<p>Mi vida entonces, cual guerrera nave<br />
Que el puerto deja por la vez primera<br />
Y al soplo de los céfiros suave<br />
Orgullosa despliega su bandera,<br />
Y al mar dejando que a sus pies alabe<br />
Su triunfo en roncos cantos, va velera,<br />
Una ola tras otra bramadora<br />
Hollando y dividiendo vencedora,</p>
<p>¡Ay! En el mar del mundo, en ansia ardiente<br />
De amor volaba; el sol de la mañana<br />
Llevaba yo sobre mi tersa frente,<br />
Y el alma pura de su dicha ufana:<br />
Dentro de ella, el amor, cual rica fuente<br />
Que entre frescura y arboledas mana,<br />
Brotaba entonces abundante río<br />
De ilusiones y dulce desvarío.</p>
<p>Yo amaba todo: Un doble sentimiento<br />
Exaltaba mi ánimo, y sentía<br />
En mi pecho un secreto movimiento<br />
De grandes hechos generoso guía.<br />
La libertad, con su inmortal aliento,<br />
Santa diosa, mi espíritu encendía,<br />
Continuo imaginando en mi fe pura<br />
Sueños de gloria al mundo y de ventura.</p>
<p>El puñal de Catón, La adusta frente<br />
Del noble Bruto, la constancia fiera<br />
Y el arrojo de Scévola valiente,<br />
La doctrina de Sócrates severa,<br />
La voz atronadora y elocuente<br />
Del orador de Atenas, la bandera<br />
Contra el tirano macedonio alzando<br />
Y al espantado pueblo arrebatando.</p>
<p>El valor y la fe del caballero,<br />
Del trovador el arpa y los cantares,<br />
Del gótico castillo el altanero<br />
Antiguo torreón, do sus pesares<br />
Cantó tal vez con eco lastimero,<br />
¡Ay!, arrancada de sus patrios lares,<br />
Joven cautiva, al rayo de la luna,<br />
Lamentando su ausencia y su fortuna.</p>
<p>El dulce anhelo del amor que aguarda<br />
Tal vez, inquieto y con mortal recelo,<br />
La forma bella que cruzó, gallarda<br />
alla en la noche entre el medroso velo;<br />
La ansiada cita que en llegar se tarda<br />
Al impaciente y amoroso anhelo,<br />
La mujer y la voz de su dulzura,<br />
Que inspira al alma celestial ternura;</p>
<p>A un tiempo mismo en rápida tormenta,<br />
Mi alma alborotada de continuo,<br />
Cual las olas que azota con violenta<br />
Cólera impetuoso torbellino;<br />
Soñaba el héroe ya, la plebe atenta<br />
En mi voz escuchaba su destino,<br />
Ya al caballero, al trovador soñaba<br />
Y de gloria y de amores suspiraba.</p>
<p>Hay una voz secreta, un dulce canto,<br />
Que el alma sólo recogida entiende,<br />
Un sentimiento misterioso y santo<br />
Que del barro al espíritu desprende;<br />
Agreste, vago y solitario encanto<br />
Que en inefable amor el alma enciende,<br />
Volando tras la imagen peregrina<br />
El corazón de su ilusión divina.</p>
<p>Yo, desterrado en extranjera playa,<br />
Con los ojos extáticos seguía<br />
La nave audaz que argentada raya<br />
Volaba al puerto de la patria mía;<br />
Yo cuando en Occidente el sol desmaya,<br />
Solo y perdido en la arboleda umbría,<br />
Oír pensaba el armonioso acento<br />
De una mujer, al suspirar del viento.</p>
<p>¡Una mujer! En el templado rayo<br />
De la mágica luna se colora,<br />
Del sol poniente al lánguido desmayo,<br />
Lejos entre las nubes se evapora;<br />
Sobre las cumbres que florece mayo,<br />
Brilla fugaz al despuntar la aurora,<br />
Cruza tal vez por entre el bosque umbío,<br />
Juega en las aguas del sereno río.</p>
<p>¡Una mujer! Deslízase en el cielo<br />
Allá en la noche desprendida estrella,<br />
Si aroma el aire recogió en el suelo,<br />
Es el aroma que le presta ella.<br />
Blanca es la nube que en callado vuelo<br />
Cruza la esfera que su planta huella,<br />
Y en la tarde la mar olas le ofrece<br />
De plata y de zafir donde se mece.</p>
<p>Mujer que amor en su ilusión figura,<br />
Mujer que nada dice a los sentidos,<br />
Ensueño de suavísima ternura,<br />
Eco que regaló nuestros oídos:<br />
De amor la llama generosa y pura,<br />
Los goces dulces del placer cumplidos<br />
Que engalana la rica fantasía,<br />
Goces que avaro el corazón ansía.</p>
<p>¡Ay!, aquella mujer, tan sólo aquélla<br />
Tanto delirio a realizar alcanza,<br />
Y esa mujer tan cándida y tan bella<br />
Es mentida ilusión de la esperanza:<br />
Es el alma que vívida destella<br />
Su luz al mundo cuando en él se lanza,<br />
Y el mundo con su magia y galanura,<br />
Es espejo no más de su hermosura.</p>
<p>Es el amor que al mismo amor adora,<br />
El que creó las sílfides y ondinas,<br />
La sacra ninfa que bordando mora<br />
Debajo de las aguas cristalinas:<br />
Es el amor que recordando llora<br />
Las arboledas del Edén divinas,<br />
Amor de allí arrancado, allí nacido,<br />
Que busca en vano aquí su bien perdido.</p>
<p>¡Oh, llama santa! ¡Celestial anhelo!<br />
¡Sentimiento purísimo! ¡Memoria<br />
Acaso triste de un perdido cielo,<br />
Quizá esperanza de futura gloria!<br />
¡Huyes y dejas llanto y desconsuelo!<br />
Oh, mujer, que en imagen ilusoria<br />
Tan pura, tan feliz, tan placentera,<br />
Brindó el amor a mi liusión primera!</p>
<p>¡Oh, Teresa! ¡Oh, dolor! Lágrimas mías,<br />
¡Ah!, ¿Donde estáis que no corréis a mares?<br />
¿Por qué, por qué como en mejores días<br />
No consoláis vosotras mis pesares?<br />
¡Oh!, Los que no sabéis las agonías<br />
De un corazón que penas a millares,<br />
¡Ay!, desgarraron, y que ya no llora,<br />
¡Piedad tened de mi tormento ahora!</p>
<p>¡Oh, dichosos mil veces, sí, dichosos<br />
Los que podéis llorar! Y, ¡ay!, sin ventura<br />
De mí, que, entre suspiros angustiosos,<br />
¡Ahogar me siento en infernal tortura!<br />
Retuécese entre nudos dolorosos<br />
Mi corazón gimiendo de amargura&#8230;<br />
También tu corazón hecho pavesa,<br />
¡Ah!, llegó a no llorar, ¡pobre Teresa!</p>
<p>¿Quién pensara jamás, Teresa mía,<br />
Que fuera eterno manantial de llanto<br />
Tanto inocente amor, tanta alegría,<br />
Tantas delicias y delirio tanto?<br />
¿Quién pensara jamás llegase un día<br />
en que, perdido el celestial encanto<br />
Y caída la venda de los ojos,<br />
Cuanto diera placer causara enojos?</p>
<p>Aún parece, Teresa, que te veo<br />
Aérea cual dorada mariposa,<br />
En sueño delicioso del deseo,<br />
Sobre tallo gentil temprana rosa,<br />
Del amor venturoso devaneo,<br />
Angélica, purísima y dichosa,<br />
Y oigo tu voz dulcísima, y respiro<br />
Tu aliento perfumado en tu suspiro.</p>
<p>Y aún miro aquellos ojos que robaron<br />
A los cielos su azul, y las rosadas<br />
Tintas sobre la nieve, que envidiaron<br />
Las de mayo serenas alboradas;<br />
Y aquellas horas dulces que pasaron<br />
Tan breves, ¡ay!, como después lloradas,<br />
Horas de confianza y de delicias,<br />
De abandono, y de amor, y de caricias.</p>
<p>Que así las horas rápidas pasaban,<br />
Y pasaba a la par nuestra ventura;<br />
Y nunca nuestras ansias las contaban,<br />
Tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura<br />
Las horas ¡ay! huyendo nos miraban,<br />
Llanto tal vez vertiendo de ternura,<br />
Que nuestro amor y juventud veían<br />
Y temblaban las horas que vendrían.</p>
<p>Y llegaron en fin.. ¡Oh! ¿Quién, impío,<br />
¡Ay!, agostó la flor de tu pureza?<br />
Tú fuiste un tiempo un cristalino río,<br />
Manantial de purísima limpieza;<br />
Después torrente de color sombrío,<br />
Rompiendo entre peñascos y maleza,<br />
Y estanque, en fin, de aguas corrompidas,<br />
Entre fétido fango detenidas.</p>
<p>¿Cómo caíste despeñado al suelo,<br />
Astro de la mañana luminoso?<br />
Ángel de luz, ¿quién te arrojó del cielo<br />
A este valle de lágrimas odioso?<br />
Aún cercaba tu frente el blanco velo<br />
Del serafín, y entre ondas fulguroso,<br />
Rayos al mundo tu esplendor vertía<br />
Y otro cielo el amor te prometía.</p>
<p>Mas, ¡ay!, que es la mujer ángel caído<br />
O mujer nada más y lodo inmundo,<br />
Hermoso ser para llorar nacido,<br />
O vivir como autómata en el mundo;<br />
Sí, que el demonio en el Edén perdido<br />
Abrasara con fuego del profundo<br />
La primera mujer, y, ¡ay!, aquel fuego<br />
La herencia ha sido de sus hijos luego.</p>
<p>Brota en el cielo del amor la fuente<br />
Que a fecundar el universo mana,<br />
Y en la tierra su límpida corriente<br />
Sus márgenes con flores engalana:<br />
Mas, ¡ay!, huid: el corazón ardiente<br />
Que el agua clara por beber se afana,<br />
Lágrimas verterá de duelo eterno,<br />
Que su raudal lo envenenó el infierno.</p>
<p>Huid, si no queréis que llegue un día<br />
En que, enredado en retorcidos lazos<br />
El corazón, con bárbara porfía<br />
Luchéis por arrancároslo a pedazos;<br />
En que al cielo, en histérica agonía,<br />
Frenéticos alcéis entrambos brazos,<br />
Para en vuestra impotencia maldecirle,<br />
Y escupiros, tal vez, al escupirle.</p>
<p>Los años, ¡ay!, de la ilusión pasaron;<br />
Las dulces esperanzas que trajeron,<br />
Con sus blancos ensueños se llevaron,<br />
Y el porvenir de oscuridad vistieron;<br />
Las rosas del amor se marchitaron,<br />
Las flores en abrojos convirtieron,<br />
Y de afán tanto y tan soñada gloria<br />
Sólo quedó una tumba, una memoria.</p>
<p>¡Pobre Teresa! Al recordarte siento<br />
Un pesar tan intenso&#8230; Embarga impío<br />
Mi quebrantada voz mi sentimiento,<br />
Y suspira tu nombre el labio mío;<br />
Para allí su carrera el pensammiento,<br />
Hiela mi corazón punzante frío,<br />
Ante mis ojos la funesta losa,<br />
Donde, vil polvo, tu beldad reposa.</p>
<p>Y tú, feliz, que hallastes en la muerte<br />
Sombra a que descansar en tu camino,<br />
Cuando llegabas mísera a perderte<br />
Y era llorar tu único destino;<br />
Cuando en tu frente la implacable suerte<br />
Grababa de los réprobos el sino&#8230;<br />
¡Feliz!, la muerte te arrancó del suelo,<br />
Y otra vez ángel te volviste al cielo.</p>
<p>Roída de recuerdos de amargura,<br />
Arido el corazón sin ilusiones,<br />
La delicada flor de tu hermosura<br />
Ajaron del dolor los aquilones;<br />
Sola y envilecida, y sin ventura,<br />
Tu corazón secaron las pasiones;<br />
Tus hijos, ¡ay!, de ti se avergonzaran,<br />
Y hasta el nombre de madre te negaran.</p>
<p>Tus ojos escaldados por el llanto<br />
Tu rostro cadavérico y hundido,<br />
Unico desahogo en tu quebranto,<br />
El histérico, ¡ay!, de tu gemido:<br />
¿Quién, quién pudiera en infortunio tanto<br />
envolver tu desdicha en el olvido,<br />
Disipar tu dolor y recogerte<br />
En su seno de paz? ¡Sólo la muerte!</p>
<p>¡Y tan joven, y ya tan desgraciada!<br />
Espirítu indomable, alma violenta,<br />
En ti, mezquina sociedad lanzada<br />
A romper tus barreras turbulenta;<br />
Nave contra las rocas quebrantada,<br />
Allá vaga, a merced de la tormenta,<br />
En las olas tal vez náufraga tabla,<br />
Que sólo ya de sus grandezas habla.</p>
<p>Un recuerdo de amor que nunca muere<br />
Y está en mi corazón; un lastimero<br />
Tierno quejido que en el alma hiere,<br />
Eco suave de su amor primero:<br />
¡Ay! De tu luz, en tanto yo viviere,<br />
Quedará un rayo en mí, blanco lucero,<br />
Que iluminaste con tu luz querida<br />
La dorada mañana de mi vida.</p>
<p>Que yo como una flor que en la mañana<br />
Abre su cáliz al naciente día,<br />
¡Ay!, al amor abrí tu alma temprana,<br />
Y exalté tu inocente fantasía.<br />
Yo, inocente también, ¡oh, cuán ufana<br />
Al porvenir mi mente sonreía,<br />
Y en alas de mi amor con cuánto anhelo<br />
Pensé contigo remontarme al cielo!</p>
<p>Y alegre, audaz, ansioso, enamorado,<br />
En tus brazos, en lánguido abandono,<br />
De glorias y deleites rodeado,<br />
Levantar para ti soñé yo un trono:<br />
Y allí, tú venturosa y yo a tu lado,<br />
Vencer del mundo el implacable encono,<br />
Y en un tiempo sin horas y medida<br />
Ver como un sueño resbalar la vida.</p>
<p>¡Pobre Teresa! Cuando ya tus ojos<br />
Aridos ni una lágrima brotaban;<br />
Cuando ya su color tus labios rojos<br />
En cárdenos matices cambïaban;<br />
Cuando, de tu dolor tristes despojos,<br />
La vida y su ilusión te abandonaban<br />
Y consumía lenta calentura<br />
Tu corazón al par de tu amargura;</p>
<p>Si en tu penosa y última agonía<br />
Volviste a lo pasado el pensamiento;<br />
Si comparaste a tu existencia un día<br />
Tu triste soledad y tu aislamiento;<br />
Si arrojó a tu dolor tu fantasía<br />
Tus hijos, ¡ay!, en tu postrer momento,<br />
A otra mujer tal vez acariciando,<br />
Madre tal vez a otra mujer llamando.</p>
<p>Si el cuadro de tus breves glorias viste<br />
Pasar como fantástica quimera,<br />
Y si la voz de tu conciencia oíste<br />
Dentro de ti gritándote severa;<br />
Sí, en fin, entonces tú llorar quisiste<br />
Y no brotó una lágrima siquiera<br />
Tu seco corazón, y a Dios llamaste,<br />
Y no te escuchó Dios, y blasfemaste;</p>
<p>¡Oh, cruel! ¡Muy cruel! ¡Matirio horrendo!<br />
¡Espantosa expiación de tu pecado!<br />
¡Sobre un lecho de espinas maldiciendo,<br />
Morir el corazón desesperado!<br />
Tus mismas manos de dolor mordiendo,<br />
Presente a tu conciencia lo pasado,<br />
Buscando en vano con los ojos fijos<br />
Y extendiendo tus brazos a tus hijos.</p>
<p>¡Oh, cruel! ¡Muy cruel!&#8230; ¡Ah!, yo, entrentanto,<br />
Dentro del pecho mi dolor oculto,<br />
Enjugo de mis párpados el llanto<br />
Y doy al mundo el exigido culto;<br />
Yo escondo con vergüenza mi quebranto,<br />
Mi propia pena con mi risa insulto,<br />
Y me divierto en arrancar del pecho<br />
Mi mismo corazón pedazos hecho.</p>
<p>Gocemos, sí; la cristalina esfera<br />
Gira bañada en luz: ¡bella es la vida!<br />
¿Quién a parar alcanza la carrera<br />
Del mundo hermoso que al placer convida?<br />
Brilla radiante el sol, la primavera<br />
Los campos pinta en la estación florida:<br />
Truéquese en risa mi dolor profundo&#8230;<br />
Que haya un cadáver mas, ¡qué importa al mundo!</p>
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		</item>
		<item>
		<title>Canción del pirata</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Apr 2008 00:30:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[José de Espronceda]]></category>

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		<description><![CDATA[Con diez cañones por banda, viento en popa, a toda vela, no corta el mar, sino vuela un velero bergantín. Bajel pirata que llaman, por su bravura, el Temido, en todo mar conocido del uno al otro confín. La luna en el mar rïela, en la lona gime el viento, y alza en blando movimiento [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Con diez cañones por banda,<br />
viento en popa, a toda vela,<br />
no corta el mar, sino vuela<br />
un velero bergantín.<br />
Bajel pirata que llaman,<br />
por su bravura, el Temido,<br />
en todo mar conocido<br />
del uno al otro confín.</p>
<p>La luna en el mar rïela,<br />
en la lona gime el viento,<br />
y alza en blando movimiento<br />
olas de plata y azul;<br />
y va el capitán pirata,<br />
cantando alegre en la popa,<br />
Asia a un lado, al otro Europa,<br />
y allá a su frente Stambul:</p>
<p>«Navega, velero mío,<br />
sin temor,<br />
que ni enemigo navío<br />
ni tormenta, ni bonanza<br />
tu rumbo a torcer alcanza,<br />
ni a sujetar tu valor. </p>
<p>Veinte presas<br />
hemos hecho<br />
a despecho<br />
del inglés,<br />
y han rendido<br />
sus pendones<br />
cien naciones<br />
a mis pies.</p>
<p>Que es mi barco mi tesoro,<br />
que es mi dios la libertad,<br />
mi ley, la fuerza y el viento,<br />
mi única patria, la mar.</p>
<p>Allá muevan feroz guerra<br />
ciegos reyes<br />
por un palmo más de tierra;<br />
que yo aquí tengo por mío<br />
cuanto abarca el mar bravío,<br />
a quien nadie impuso leyes.</p>
<p>Y no hay playa,<br />
sea cualquiera,<br />
ni bandera<br />
de esplendor,<br />
que no sienta<br />
mi derecho<br />
y dé pecho<br />
a mi valor. </p>
<p>Que es mi barco mi tesoro,<br />
que es mi dios la libertad,<br />
mi ley, la fuerza y el viento,<br />
mi única patria, la mar. </p>
<p>A la voz de «¡barco viene!»<br />
es de ver<br />
cómo vira y se previene<br />
a todo trapo escapar;<br />
Que yo soy el rey del mar,<br />
y mi furia es de temer.</p>
<p>En las presas<br />
yo divido<br />
lo cogido<br />
por igual;<br />
sólo quiero<br />
por riqueza<br />
la belleza<br />
sin rival. </p>
<p>Que es mi barco mi tesoro,<br />
que es mi dios la libertad,<br />
mi ley, la fuerza y el viento,<br />
mi única patria, la mar.</p>
<p>¡Sentenciado estoy a muerte!<br />
Yo me río;<br />
no me abandone la suerte,<br />
y al mismo que me condena,<br />
colgaré de alguna entena,<br />
quizá en su propio navío.<br />
Y si caigo,<br />
¿qué es la vida?<br />
Por perdida<br />
ya la di,<br />
cuando el yugo<br />
del esclavo,<br />
como un bravo,<br />
sacudí.</p>
<p>Que es mi barco mi tesoro,<br />
que es mi dios la libertad,<br />
mi ley, la fuerza y el viento,<br />
mi única patria, la mar. </p>
<p>Son mi música mejor<br />
aquilones,<br />
el estrépito y temblor<br />
de los cables sacudidos,<br />
del negro mar los bramidos<br />
y el rugir de mis cañones. </p>
<p>Y del trueno<br />
al son violento,<br />
y del viento<br />
al rebramar,<br />
yo me duermo<br />
sosegado,<br />
arrullado<br />
por el mar.</p>
<p>Que es mi barco mi tesoro,<br />
que es mi dios la libertad,<br />
mi ley, la fuerza y el viento,<br />
mi única patria, la mar.»</p>
]]></content:encoded>
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		<title>EL CANTO DEL COSACO</title>
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		<pubDate>Sun, 06 Apr 2008 00:29:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[José de Espronceda]]></category>

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		<description><![CDATA[CORO ¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra! La Europa os brinda esplédido botín: Sangrienta charca sus campiñas sean, de los grajos su ejército festín. ¡Hurra, a caballo hijos de la niebla! Suelta la rienda a combatir volad: ¿Veis esas tierras fértiles? las puebla gente opulenta, afeminada ya. Casas, palacios, campos y jardines, todo es hermoso y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>CORO</p>
<p>¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra!<br />
La Europa os brinda esplédido botín:<br />
Sangrienta charca sus campiñas sean,<br />
de los grajos su ejército festín.</p>
<p>¡Hurra, a caballo hijos de la niebla!<br />
Suelta la rienda a combatir volad:<br />
¿Veis esas tierras fértiles? las puebla<br />
gente opulenta, afeminada ya.</p>
<p>Casas, palacios, campos y jardines,<br />
todo es hermoso y refulgente allí,<br />
son sus hembras celestes, serafines,<br />
su sol alumbra un cielo de zafir.</p>
<p>¡Hurra, cosacos del desierto&#8230;</p>
<p>Nuestros sean su oro y sus placeres,<br />
gocemos de ese campo y ese sol;<br />
son sus soldados menos que mujeres,<br />
sus reyes viles mercaderes son.</p>
<p>Vedlos huir para esconder su oro,<br />
vedlos cobardes lágrimas verter&#8230;<br />
¡Hurra! volad, sus cuerpos, su tesoro<br />
huellen nuestros caballos con sus pies.</p>
<p>¡Hurra, cosacos del desierto&#8230;</p>
<p>Dictará allí nuestro capricho leyes,<br />
nuestras casas alcázares serán,<br />
los cetros y coronas de los reyes<br />
cual juguetes de niños rodarán.</p>
<p>¡Hurra! Volad a hartar nuestros deseos,<br />
las más hermosas nos darán su amor,<br />
y no hallarán nuestros semblantes feos,<br />
que siempre brilla hermoso el vencedor.</p>
<p>¡Hurra, cosacos del desierto&#8230;</p>
<p>Desgarraremos la vencida Europa,<br />
cual tigres que devoran su ración;<br />
en sangre empaparemos nuestra ropa,<br />
cual rojo manto de imperial señor.</p>
<p>Nuestros nobles caballos relinchando<br />
regias habitaciones morarán;<br />
cien esclavos, sus frentes inclinando,<br />
al mover nuestros ojos temblarán.</p>
<p>¡Hurra, cosacos del desierto&#8230;</p>
<p>Venid, volad, guerreros del desierto,<br />
como nubes en negra confusión,<br />
todos suelto el bridón, el ojo incierto,<br />
todos atropellándoos en montón.</p>
<p>Id en la espesa niebla confundidos,<br />
cual tromba que arrebata el huracán,<br />
cual témpanos de hielo endurecidos<br />
por entre rocas despeñados van.</p>
<p>¡Hurra, cosacos del desierto&#8230;</p>
<p>Nuestros padres un tiempo caminaron<br />
hasta llegar a una imperial ciudad;<br />
un sol más puro es fama que encontraron,<br />
y palacios de oro y de cristal.</p>
<p>Vadearon el Tíber sus bridones;<br />
yerta a sus pies la tierra enmudeció;<br />
su sueño con fantásticas canciones<br />
la fada de los triunfos arrulló.</p>
<p>¡Hurra, cosacos del desierto&#8230;</p>
<p>¡Qué! ¿no sentís la lanza estremecerse<br />
hambrienta en vuestras manos de matar?<br />
¿No veis entre la niebla aparecerse<br />
visiones mil que el parabién nos dan?</p>
<p>Escudo de esas míseras naciones<br />
era ese muro que abatido fue;<br />
la gloria de Polonia y sus blasones<br />
en humo y sangre convertidos ved.</p>
<p>¡Hurra, cosacos del desierto&#8230;</p>
<p>¿Quién en dolor trocó sus alegrías?<br />
¿Quién sus hijos triunfante encadenó?<br />
¿Quién puso fin a sus gloriosos días?<br />
¿Quién en su propia sangre los ahogó?</p>
<p>¡Hurra, cosacos! ¡Gloria al más valiente!<br />
Esos hombres de Europa nos verán:<br />
¡Hurra! nuestros caballos en su frente<br />
hondas sus herraduras marcarán.</p>
<p>¡Hurra, cosacos del desierto&#8230;</p>
<p>A cada bote de la lanza ruda,<br />
a cada escape en la abrasada lid,<br />
la sangrienta ración de sangre cruda<br />
bajo la silla sentiréis hervir.</p>
<p>Y allá después en templos suntuosos,<br />
sirviéndonos de mesa algún altar,<br />
nuestra sed calmarán vinos sabrosos,<br />
hartará nuestra hambre blanco pan.</p>
<p>¡Hurra, cosacos del desierto&#8230;</p>
<p>Y nuestras madres nos verán triunfantes,<br />
y a esa caduca Europa a nuestros pies,<br />
y acudirán de gozo palpitantes,<br />
en cada hijo a contemplar un rey.</p>
<p>Nuestros hijos sabrán nuestras acciones,<br />
las coronas de Europa heredarán,<br />
y a conquistar también otras regiones<br />
el caballo y la lanza aprestarán.</p>
<p>¡Hurra, cosacos del desierto! ¡Hurra!<br />
La Europa os brinda espléndido botín,<br />
sangrienta charca sus campiñas sean,<br />
de los grajos su ejército festín.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>EL REO DE MUERTE</title>
		<link>http://www.recitando.com/autores/jose-de-espronceda/el-reo-de-muerte/</link>
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		<pubDate>Sun, 06 Apr 2008 00:28:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[José de Espronceda]]></category>

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		<description><![CDATA[¡Para hacer bien por el alma del que van a ajusticiar! I Reclinado sobre el suelo con lenta amarga agonía, pensando en el triste día que pronto amanecerá, en silencio gime el reo y el fatal momento espera en que el sol por vez postrera en su frente lucirá. Un altar y un crucifijo, y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>¡Para hacer bien por el alma<br />
del que van a ajusticiar!</p>
<p><strong>I</strong></p>
<p>Reclinado sobre el suelo<br />
con lenta amarga agonía,<br />
pensando en el triste día<br />
que pronto amanecerá,<br />
en silencio gime el reo<br />
y el fatal momento espera<br />
en que el sol por vez postrera<br />
en su frente lucirá.</p>
<p>Un altar y un crucifijo,<br />
y la enlutada capilla<br />
lánguida vela amarilla<br />
tiñe en su luz funeral,<br />
y junto al mísero reo,<br />
medio encubierto el semblante,<br />
se oye al fraile agonizante<br />
en son confuso rezar.</p>
<p>El rostro levanta el triste<br />
y alza los ojos al cielo;<br />
tal vez eleva en su duelo<br />
la súplica de piedad:<br />
¡Una lágrima! ¿es acaso<br />
de temor o de amargura?<br />
¡Ay! a aumentar su tristura<br />
¡Vino un recuerdo quizá!</p>
<p>Es un joven y la vida<br />
llena de sueños de oro,<br />
pasó ya, cuando aún el lloro<br />
de la niñez no enjugó:<br />
El recuerdo es de la infancia,<br />
¡Y su madre que le llora,<br />
para morir así ahora<br />
con tanto amor le crió!</p>
<p>Y a par que sin esperanza<br />
ve ya la muerte en acecho,<br />
su corazón en su pecho<br />
siente con fuerza latir,<br />
al tiempo que mira al fraile<br />
que en paz ya duerme a su lado,<br />
y que ya viejo y postrado<br />
le habrá de sobrevivir.</p>
<p>¿Mas qué rumor a deshora<br />
rompe el silencio? resuena<br />
una alegre cantinela<br />
y una guitarra a la par,<br />
y gritos y de botellas<br />
que se chocan, el sonido,<br />
y el amoroso estallido<br />
de los besos y el danzar.</p>
<p>Y también pronto en son triste<br />
lúgubre voz sonará:<br />
¡Para hacer bien por el alma<br />
del que van a ajusticiar!</p>
<p>Y la voz de los borrachos,<br />
y sus brindis, sus quimeras,<br />
y el cantar de las rameras,<br />
y el desorden bacanal<br />
en la lúgubre capilla<br />
penetran, y carcajadas,<br />
cual de lejos arrojadas<br />
de la mansión infernal.</p>
<p>Y también pronto en son triste<br />
lúgubre voz sonará:<br />
¡Para hacer bien por el alma<br />
del que van a ajusticiar!</p>
<p>¡Maldición! al eco infausto<br />
el sentenciado maldijo<br />
la madre que como a hijo<br />
a sus pechos le crió;<br />
y maldijo el mundo todo,<br />
maldijo su suerte impía,<br />
maldijo el aciago día<br />
y la hora en que nació.</p>
<p><strong>II</strong></p>
<p>Serena la luna<br />
alumbra en el cielo,<br />
domina en el suelo<br />
profunda quietud;<br />
ni voces se escuchan,<br />
ni ronco ladrido,<br />
ni tierno quejido<br />
de amante laúd.</p>
<p>Madrid yace envuelto en sueño,<br />
todo al silencio convida,<br />
y el hombre duerme y no cuida<br />
del hombre que va a expirar;<br />
si tal vez piensa en mañana,<br />
ni una vez piensa siquiera<br />
en el mísero que espera<br />
para morir, despertar;</p>
<p>que sin pena ni cuidado<br />
los hombres oyen gritar:<br />
¡Para hacer bien por el alma<br />
del que van a ajusticiar!</p>
<p>¡Y el juez también en su lecho<br />
duerme en paz! ¡y su dinero<br />
el verdugo placentero<br />
entre sueños cuenta ya!<br />
Tan sólo rompe el silencio<br />
en la sangrienta plazuela<br />
el hombre del mal que vela<br />
un cadalso al levantar.</p>
<p>Loca y confusa la encendida mente,<br />
sueños de angustia y fiebre y devaneo<br />
el alma envuelven del confuso reo,<br />
que inclina al pecho la abatida frente.</p>
<p>Y en sueños<br />
confunde<br />
la muerte,<br />
la vida.<br />
Recuerda<br />
y olvida,<br />
suspira,<br />
respira<br />
con hórrido afán.</p>
<p>Y en un mundo de tinieblas<br />
vaga y siente miedo y frío,<br />
y en su horrible desvarío<br />
palpa en su cuello el dogal;<br />
y cuanto más forcejea,<br />
cuanto más lucha y porfía,<br />
tanto más en su agonía<br />
aprieta el nudo fatal.</p>
<p>Y oye ruido, voces, gentes,<br />
y aquella voz que dirá:<br />
¡Para hacer bien por el alma<br />
del que van a ajusticiar!</p>
<p>O ya libre se contempla,<br />
y el aire puro respira,<br />
y oye de amor que suspira<br />
la mujer que un tiempo amó,<br />
bella y dulce cual solía,<br />
tierna flor de primavera,<br />
el amor del la pradera<br />
que el abril galán mimó.</p>
<p>Y gozoso a verla vuela,<br />
y alcanzarla intenta en vano,<br />
que al tender la ansiosa mano<br />
su esperanza a realizar,<br />
su ilusión la desvanece<br />
de repente el sueño impío,<br />
y halla un cuerpo mudo y frío<br />
y un cadalso en su lugar.</p>
<p>Y oye a su lado en son triste<br />
lúgubre voz resonar:<br />
¡Para hacer bien por el alma<br />
del que van a ajusticiar!</p>
]]></content:encoded>
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