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	<title>Recitando &#187; Rosalía de Castro</title>
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	<description>Poemas, poesías, rimas y versos</description>
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		<title>LOS ROBLES</title>
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		<pubDate>Thu, 08 May 2008 12:54:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rosalía de Castro]]></category>

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		<description><![CDATA[1 Allá en tiempos que fueron, y el alma han llenado de santos recuerdos, de mi tierra en los campos hermosos, la riqueza del pobre era el fuego, que al brillar de la choza en el fondo, calentaba los rígidos miembros por el frío y el hambre ateridos del niño y del viejo. De la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>1</strong></p>
<p>Allá en tiempos que fueron, y el alma<br />
han llenado de santos recuerdos,<br />
de mi tierra en los campos hermosos,<br />
la riqueza del pobre era el fuego,<br />
que al brillar de la choza en el fondo,<br />
calentaba los rígidos miembros<br />
por el frío y el hambre ateridos<br />
del niño y del viejo.</p>
<p>De la hoguera sentados en torno,<br />
en sus brazos la madre arrullaba<br />
al infante robusto;<br />
daba vuelta, afanosa la andana<br />
en sus dedos nudosos, al huso,<br />
y al alegre fulgor de la llama,<br />
ya la joven la harina cernía,<br />
o ya desgranaba<br />
con su mano callosa y pequeña,<br />
del maíz las mazorcas doradas.</p>
<p>Y al amor del hogar calentándose<br />
en invierno, la pobre familia<br />
campesina, olvidaba la dura<br />
condición de su suerte enemiga;<br />
y el anciano y el niño, contentos<br />
en su lecho de paja dormían,<br />
como duerme el polluelo en su nido<br />
cuando el ala materna le abriga.</p>
<p><strong>2</strong></p>
<p>Bajo el hacha implacable, ¡cuán presto<br />
en tierra cayeron<br />
encinas y robles!;<br />
y a los rayos del alba risueña,<br />
¡qué calva aparece<br />
la cima del monte!</p>
<p>Los que ayer fueron bosques y selvas<br />
de agreste espesura,<br />
donde envueltas en dulce misterio<br />
al rayar el día<br />
flotaban las brumas,<br />
y brotaba la fuente serena<br />
entre flores y musgos oculta,<br />
hoy son áridas lomas que ostentan<br />
deformes y negras<br />
sus hondas cisuras.</p>
<p>Ya no entonan en ellas los pájaros<br />
sus canciones de amor, ni se juntan<br />
cuando mayo alborea en la fronda<br />
que quedó de sus robles desnuda.<br />
Sólo el viento al pasar trae el eco<br />
del cuervo que grazna,<br />
del lobo que aúlla.</p>
<p><strong>3</strong></p>
<p>Una mancha sombría y extensa<br />
borda a trechos del monte la falda,<br />
semejante a legión aguerrida<br />
que acampase en la abrupta montaña<br />
lanzando alaridos<br />
de sorda amenaza.</p>
<p>Son pinares que al suelo, desnudo<br />
de su antiguo ropaje, le prestan<br />
con el suyo el adorno salvaje<br />
que resiste del tiempo a la afrenta<br />
y corona de eterna verdura<br />
las ásperas breñas</p>
<p>Árbol duro y altivo, que gustas<br />
de escuchar el rumor del Océano<br />
y gemir con la brisa marina<br />
de la playa en el blanco desierto,<br />
¡yo te amo!, y mi vista reposa<br />
con placer en los tibios reflejos<br />
que tu copa gallarda iluminan<br />
cuando audaz se destaca en el cielo,<br />
despidiendo la luz que agoniza,<br />
saludando la estrella del véspero.</p>
<p>Pero tú, sacra encina del celta,<br />
y tú, roble de ramas añosas,<br />
sois más bellos con vuestro follaje<br />
que si mayo las cumbres festona<br />
salpicadas de fresco rocío<br />
donde quiebra sus rayos la aurora,<br />
y convierte los sotos profundos<br />
en mansión de gloria.</p>
<p>Más tarde, en otoño<br />
cuando caen marchitas tus hojas,<br />
¡oh roble!, y con ellas<br />
generoso los musgos alfombras,<br />
¡qué hermoso está el campo;<br />
la selva, qué hermosa!</p>
<p>Al recuerdo de aquellos rumores<br />
que al morir el día<br />
se levantan del bosque en la hondura<br />
cuando pasa gimiendo la brisa<br />
y remueve con húmedo soplo<br />
tus hojas marchitas<br />
mientras corre engrosado el arroyo<br />
en su cauce de frescas orillas,</p>
<p>estremécese el alma pensando<br />
dónde duermen las glorias queridas<br />
de este pueblo sufrido, que espera<br />
silencioso en su lecho de espinas<br />
que suene su hora<br />
y llegue aquel día<br />
en que venza con mano segura,<br />
del mal que le oprime,<br />
la fuerza homicida.</p>
<p><strong>4</strong></p>
<p>Torna, roble, árbol patrio, a dar sombra<br />
cariñosa a la escueta montaña<br />
donde un tiempo la gaita guerrera105<br />
alentó de los nuestros las almas<br />
y compás hizo al eco monótono<br />
del canto materno,<br />
del viento y del agua,<br />
que en las noches del invierno al infante<br />
en su cuna de mimbre arrullaban.</p>
<p>Que tan bello apareces, ¡oh roble!<br />
de este suelo en las cumbres gallardas<br />
y en las suaves graciosas pendientes<br />
donde umbrosas se extienden tus ramas,<br />
como en rostro de pálida virgen<br />
cabellera ondulante y dorada,<br />
que en lluvia de rizos<br />
acaricia la frente de nácar.</p>
<p>¡Torna presto a poblar nuestros bosques;<br />
y que tornen contigo las hadas<br />
que algún tiempo a tu sombra tejieron<br />
del héroe gallego<br />
las frescas guirnaldas!</p>
<p><strong>[...]</strong></p>
<p><strong>15</strong></p>
<p>Alma que vas huyendo de ti misma,<br />
¿qué buscas, insensata, en las demás?<br />
Si secó en ti la fuente del consuelo,<br />
secas todas las fuentes has de hallar.<br />
¡Que hay en el cielo estrellas todavía,<br />
y hay en la tierra flores perfumadas!<br />
¡Sí&#8230;! Mas no son ya aquellas<br />
que tú amaste y te amaron, desdichada.</p>
<p><strong>16</strong></p>
<p>Cuando recuerdo del ancho bosque<br />
el mar dorado<br />
de hojas marchitas que en el otoño<br />
agita el viento con soplo blando,<br />
tan honda angustia nubla mi alma,<br />
turba mi pecho,<br />
que me pregunto:<br />
&#8220;¿Por qué tan terca,<br />
tan fiel memoria me ha dado el cielo?&#8221;</p>
<p><strong>17</strong></p>
<p>Del antiguo camino a lo largo,<br />
ya un pinar, ya una fuente aparece,<br />
que brotando en la peña musgosa<br />
con estrépito al valle desciende.<br />
Y brillando del sol a los rayos<br />
entre un mar de verdura se pierden,<br />
dividiéndose en limpios arroyos<br />
que dan vida a las flores silvestres<br />
y en el Sar se confunden, el río<br />
que cual niño que plácido duerme,<br />
reflejando el azul de los cielos,<br />
lento corre en la fronda a esconderse.</p>
<p>No lejos, en soto profundo de robles,<br />
en donde el silencio sus alas extiende,<br />
y da abrigo a los genios propicios,<br />
a nuestras viviendas y asilos campestres,<br />
siempre allí, cuando evoco mis sombras,<br />
o las llamo, respóndenme y vienen.</p>
<p><strong>18</strong></p>
<p>Ya duermen en su tumba las pasiones<br />
el sueño de la nada;<br />
¿es, pues, locura del doliente espíritu,<br />
o gusano que llevo en mis entrañas?<br />
Yo sólo sé que es un placer que duele,<br />
que es un dolor que atormentando halaga,<br />
llama que de la vida se alimenta,<br />
mas sin la cual la vida se apagara.</p>
<p><strong>19</strong></p>
<p>Creyó que era eterno tu reino en el alma,<br />
y creyó tu esencia, esencia inmortal;<br />
mas, si sólo eres nube que pasa,<br />
ilusiones que vienen y van,<br />
rumores del onda que rueda y que muere<br />
y nace de nuevo y vuelve a rodar,<br />
todo es sueño y mentira en la tierra,<br />
¡no existes, verdad!</p>
<p><strong>20</strong></p>
<p>Ya siente que te extingues en su seno,<br />
llama vital, que dabas<br />
luz a su espíritu, a su cuerpo fuerzas,<br />
juventud a su alma.</p>
<p>Ya tu calor no templará su sangre,<br />
por el invierno helada,<br />
ni harás latir su corazón, ya falto<br />
de aliento y de esperanza.</p>
<p>Será cual astro que apagado y solo,<br />
perdido va por la extensión del cielo,<br />
mudo, ciego, insensible,<br />
sin goces, ni tormentos.</p>
<p><strong>21</strong></p>
<p>No subas tan alto, pensamiento loco,<br />
que el que más alto sube más hondo cae,<br />
ni puede el alma gozar del cielo<br />
mientras que vive envuelta en la carne.</p>
<p>Por eso las grandes dichas de la tierra<br />
tienen siempre por término grandes catástrofes.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>LOS TRISTES</title>
		<link>http://www.recitando.com/autores/rosalia-de-castro/los-tristes/</link>
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		<pubDate>Thu, 08 May 2008 12:50:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rosalía de Castro]]></category>

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		<description><![CDATA[1 De la torpe ignorancia que confunde lo mezquino y lo inmenso; de la dura injusticia del más alto, de la saña mortal de los pequeños, ¡no es posible que huyáis! cuando os conocen y os buscan, como busca el zorro hambriento a la indefensa tórtola en los campos; y al querer esconderos de sus [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>1</strong></p>
<p>De la torpe ignorancia que confunde<br />
lo mezquino y lo inmenso;<br />
de la dura injusticia del más alto,<br />
de la saña mortal de los pequeños,<br />
¡no es posible que huyáis! cuando os conocen<br />
y os buscan, como busca el zorro hambriento<br />
a la indefensa tórtola en los campos;<br />
y al querer esconderos<br />
de sus cobardes iras, ya en el monte,<br />
en la ciudad o en el retiro estrecho,<br />
¡ahí va!, exclaman, ¡ahí va!, y allí os insultan<br />
y señalan con íntimo contento<br />
cual la mano implacable y vengativa<br />
señala al triste y fugitivo reo.</p>
<p><strong>2</strong></p>
<p>Cayó por fin en la espumosa y turbia<br />
recia corriente, y descendió al abismo<br />
para no subir más a la serena<br />
y tersa superficie. En lo más íntimo<br />
del noble corazón ya lastimado,<br />
resonó el golpe doloroso y frío<br />
que ahogando la esperanza<br />
hace abatir los ánimos altivos,<br />
y plegando las alas torvo y mudo,<br />
en densa niebla se envolvió su espíritu.</p>
<p><strong>3</strong></p>
<p>Vosotros, que lograsteis vuestros sueños,<br />
¿qué entendéis de sus ansias malogradas?<br />
Vosotros, que gozasteis y sufristeis,<br />
¿qué comprendéis de sus eternas lágrimas?<br />
Y vosotros, en fin, cuyos recuerdos<br />
son como niebla que disipa el alba,<br />
i qué sabéis del que lleva de los suyos<br />
la eterna pesadumbre sobre el alma!</p>
<p><strong>4</strong></p>
<p>Cuando en la planta con afán cuidada<br />
la fresca yema de un capullo asoma,<br />
lentamente arrastrándose entre el césped,<br />
le asalta el caracol y la devora.</p>
<p>Cuando de un alma atea,<br />
en la profunda oscuridad medrosa<br />
brilla un rayo de fe, viene la duda<br />
y sobre él tiende su gigante sombra.</p>
<p><strong>5</strong></p>
<p>En cada fresco brote, en cada rosa erguida,<br />
cien gotas de rocío brillan al sol que nace;<br />
mas él ve que son lágrimas que derraman los tristes<br />
al fecundar la tierra con su preciosa sangre.</p>
<p>Henchido está el ambiente de agradables aromas,<br />
las aguas y los vientos cadenciosos murmuran;<br />
mas él siente que rugen con sordo clamoreo<br />
de sofocados gritos y de amenazas mudas.</p>
<p>¡No hay duda! De cien astros nuevos, la luz radiante<br />
hasta las más recónditas profundidades llega;<br />
mas sus hermosos rayos<br />
jamás en torno suyo rompen la bruma espesa.</p>
<p>De la esperanza, ¿en dónde crece la flor ansiada?<br />
Para él, en dondequiera al retoñar se agosta,<br />
ya bajo las escarchas del egoísmo estéril,<br />
o ya del desengaño a la menguada sombra.</p>
<p>¡Y en vano el mar extenso y las vegas fecundas,<br />
los pájaros, las flores y los frutos que siembran!<br />
Para el desheredado, sólo hay bajo del cielo<br />
esa quietud sombría que infunde la tristeza.</p>
<p><strong>6</strong></p>
<p>Cada vez huye más de los vivos,<br />
cada vez habla más con los muertos<br />
y es que cuando nos rinde el cansancio<br />
propicio a la paz y al sueño,<br />
el cuerpo tiende al reposo,<br />
el alma tiende a lo eterno.</p>
<p><strong>7</strong></p>
<p>Así como el lobo desciende a poblado,<br />
si acaso en la sierra se ve perseguido,<br />
huyendo del hombre que acosa a los tristes,<br />
buscó entre las fieras el triste un asilo.</p>
<p>El sol calentaba su lóbrega cueva,<br />
piadosa velaba su sueño la luna<br />
el árbol salvaje le daba sus frutos,<br />
la fuente sus aguas de grata frescura.</p>
<p>Bien pronto los rayos del sol se nublaron.<br />
la luna entre brumas veló su semblante,<br />
secóse la fuente, y el árbol nególe,<br />
al par que su sombra, sus frutos salvajes.</p>
<p>Dejando la sierra buscó en la llanura<br />
de otro árbol el fruto, la luz de otro cielo;<br />
y a un río profundo, de nombre ignorado,<br />
pidióle aguas puras su labio sediento.</p>
<p>¡Ya en vano!, sin tregua siguióle la noche,<br />
la sed que atormenta y el hambre que mata;<br />
¡ya en vano!, que ni árbol, ni cielo, ni río,<br />
le dieron su fruto, su luz, ni sus aguas.</p>
<p>Y en tanto el olvido, la duda y la muerte<br />
agrandan las sombras que en torno le cercan,<br />
allá en lontananza la luz de la vida,<br />
hiriendo sus ojos feliz centellea.</p>
<p>Dichosos mortales a quien la fortuna<br />
fue siempre propicia&#8230; ¡Silencio!, ¡silencio!,<br />
si veis tantos seres que corren buscando<br />
las negras corrientes del hondo Leteo.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>MARGARITA</title>
		<link>http://www.recitando.com/autores/rosalia-de-castro/margarita/</link>
		<comments>http://www.recitando.com/autores/rosalia-de-castro/margarita/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 08 May 2008 12:49:18 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rosalía de Castro]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://www.recitando.com/?p=266</guid>
		<description><![CDATA[1 ¡Silencio, los lebreles de la jauría maldita! No despertéis a la implacable fiera que duerme silenciosa en su guarida. ¿No veis que de sus garras penden gloria y honor, reposo y dicha? Prosiguieron aullando los lebreles&#8230; -Los malos pensamientos homicidas!- y despertaron la temible fiera&#8230; -¡la pasión que en el alma se adormía!- Y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>1</strong></p>
<p>¡Silencio, los lebreles<br />
de la jauría maldita!<br />
No despertéis a la implacable fiera<br />
que duerme silenciosa en su guarida.<br />
¿No veis que de sus garras<br />
penden gloria y honor, reposo y dicha?</p>
<p>Prosiguieron aullando los lebreles&#8230;<br />
-Los malos pensamientos homicidas!-<br />
y despertaron la temible fiera&#8230;<br />
-¡la pasión que en el alma se adormía!-<br />
Y ¡adiós! en un momento,<br />
¡adiós gloria y honor, reposo y dicha!</p>
<p><strong>2</strong></p>
<p>Duerme el anciano padre, mientras ella<br />
a la luz de la lámpara nocturna<br />
contempla el noble y varonil semblante<br />
que un pesado sueño abruma.</p>
<p>Bajo aquella triste frente<br />
que los pesares anublan,<br />
deben ir y venir torvas visiones,<br />
negras hijas de la duda.</p>
<p>Ella tiembla&#8230;, vacila y se estremece&#8230;<br />
¿De miedo acaso, o de dolor y angustia?<br />
Con expresión de lastima infinita,<br />
no sé qué rezos murmura.</p>
<p>Plegaria acaso santa, acaso impía,<br />
trémulo el labio a su pesar pronuncia,<br />
mientras dentro del alma la conciencia<br />
contra las pasiones lucha.</p>
<p>¡Batalla ruda y terrible<br />
librada ante la víctima, que muda<br />
duerme el sueño intranquilo de los tristes<br />
a quien ha vuelto el rostro la fortuna!</p>
<p>Y él sigue en reposo, y ella,<br />
que abandona la estancia, entre las brumas<br />
de la noche se pierde, y torna al alba,<br />
ajado el velo&#8230;, en su mirar la angustia.</p>
<p>Carne, tentación, demonio,<br />
¡oh!, ¿de cuál de vosotros es la culpa?<br />
¡Silencio&#8230;! El día soñoliento asoma<br />
por las lejanas alturas,<br />
y el anciano despierto, ella risueña,<br />
ambos su pena ocultan,<br />
y fingen entregarse indiferentes<br />
a las faenas de su vida oscura.</p>
<p><strong>3</strong></p>
<p>La culpada calló, mas habló el crimen&#8230;<br />
Murió el anciano, y ella, la insensata,<br />
siguió quemando incienso en su locura,<br />
de la torpeza ante las negras aras,<br />
hasta rodar en el profundo abismo,<br />
fiel a su mal, de su dolor esclava.</p>
<p>¡Ah! Cuando amaba el bien, ¿cómo así pudo<br />
hacer traición a su virtud sin mancha,<br />
malgastar las riquezas de su espíritu,<br />
vender su cuerpo, condenar su alma?</p>
<p>Es que en medio del vaso corrompido<br />
donde su sed ardiente se apagaba,<br />
de un amor inmortal los leves átomos,<br />
sin mancharse, en la atmósfera flotaban.</p>
<p>Sedientas las arenas, en la playa<br />
sienten del sol los besos abrasados,<br />
y no lejos, las ondas, siempre frescas,<br />
ruedan pausadamente murmurando.<br />
Pobres arenas, de mi suerte imagen:<br />
no sé lo que me pasa al contemplaros,<br />
pues como yo sufrís, secas y mudas,<br />
el suplicio sin término de Tántalo.</p>
<p>Pero ¿quién sabe&#8230;? Acaso luzca un día<br />
en que, salvando misteriosos límites,<br />
avance el mar y hasta vosotras llegue<br />
a apagar vuestra sed inextinguible.</p>
<p>¡Y quién sabe también si tras de tantos<br />
siglos de ansias y anhelos imposibles,<br />
saciará al fin su sed el alma ardiente<br />
donde beben su amor los serafines!</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>A ORILLAS DEL SAR II</title>
		<link>http://www.recitando.com/autores/rosalia-de-castro/a-orillas-del-sar-ii/</link>
		<comments>http://www.recitando.com/autores/rosalia-de-castro/a-orillas-del-sar-ii/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 08 May 2008 12:48:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rosalía de Castro]]></category>

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		<description><![CDATA[1 Los unos altísimos, los otros menores, con su eterno verdor y frescura, que inspira a las almas agrestes canciones, mientras gime al chocar con las aguas la brisa marina de aromas salobres, van en ondas subiendo hacia el cielo los pinos del monte. De la altura la bruma desciende y envuelve las copas perfumadas, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>1</strong></p>
<p>Los unos altísimos,<br />
los otros menores,<br />
con su eterno verdor y frescura,<br />
que inspira a las almas<br />
agrestes canciones,<br />
mientras gime al chocar con las aguas<br />
la brisa marina de aromas salobres,<br />
van en ondas subiendo hacia el cielo<br />
los pinos del monte.</p>
<p>De la altura la bruma desciende<br />
y envuelve las copas<br />
perfumadas, sonoras y altivas<br />
de aquellos gigantes<br />
que el Castro coronan;<br />
brilla en tanto a sus pies el arroyo<br />
que alumbra risueña<br />
la luz de la aurora,<br />
y los cuervos sacuden sus alas,<br />
lanzando graznidos<br />
y huyendo la sombra.</p>
<p>El viajero, rendido y cansado,<br />
que ve del camino la línea escabrosa<br />
que aún le resta que andar, anhelara,<br />
deteniéndose al pie de la loma,<br />
de repente quedar convertido<br />
en pájaro o fuente,<br />
en árbol o en roca.</p>
<p><strong>2</strong></p>
<p>Los unos altísimos,<br />
los otros menores,<br />
con su eterno verdor y frescura,<br />
que inspira a las almas<br />
agrestes canciones,<br />
mientras gime al chocar con las aguas<br />
la brisa marina de aromas salobres,<br />
van en ondas subiendo hacia el cielo<br />
los pinos del monte.</p>
<p>De la altura la bruma desciende<br />
y envuelve las copas<br />
perfumadas, sonoras y altivas<br />
de aquellos gigantes<br />
que el Castro coronan;<br />
brilla en tanto a sus pies el arroyo<br />
que alumbra risueña<br />
la luz de la aurora,<br />
y los cuervos sacuden sus alas,<br />
lanzando graznidos<br />
y huyendo la sombra.</p>
<p>El viajero, rendido y cansado,<br />
que ve del camino la línea escabrosa<br />
que aún le resta que andar, anhelara,<br />
deteniéndose al pie de la loma,<br />
de repente quedar convertido<br />
en pájaro o fuente,<br />
en árbol o en roca.</p>
<p><strong>3</strong></p>
<p>Era apacible el día<br />
y templado el ambiente,<br />
y llovía, llovía<br />
callada y mansamente;<br />
y mientras silenciosa<br />
lloraba yo y gemía,<br />
mi niño, tierna rosa,<br />
durmiendo se moría.</p>
<p>Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!<br />
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía!</p>
<p>Tierra sobre el cadáver insepulto<br />
antes que empiece a corromperse&#8230;, ¡tierra!<br />
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos;<br />
bien pronto en los terrones removidos<br />
verde y pujante crecerá la hierba.</p>
<p>¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,<br />
torvo el mirar, nublado el pensamiento?<br />
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!<br />
jamás el que descansa en el sepulcro<br />
ha de tornar a amaros ni a ofenderos,</p>
<p>¡Jamás! ¿Es verdad que todo<br />
para siempre acabó ya?<br />
No, no puede acabar lo que es eterno,<br />
ni puede tener fin la inmensidad.</p>
<p>Tú te fuiste por siempre; mas mi alma<br />
te espera aún con amoroso afán,<br />
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,<br />
allí donde nos hemos de encontrar.</p>
<p>Algo ha quedado tuyo en mis entrañas<br />
que no morirá jamás,<br />
y que Dios, porque es justo y porque es bueno,<br />
a desunir ya nunca volverá.</p>
<p>En el cielo, en la tierra, en lo insondable<br />
yo te hallaré y me hallarás.<br />
No, no puede acabar lo que es eterno,<br />
ni puede tener fin la inmensidad.</p>
<p>Mas&#8230; es verdad, ha partido<br />
para nunca más tornar.<br />
Nada hay eterno para el hombre, huésped<br />
de un día en este mundo terrenal<br />
en donde nace, vive y al fin muere,<br />
cual todo nace, vive y muere acá.</p>
<p><strong>4</strong></p>
<p>Una luciérnaga entre el musgo brilla<br />
y un astro en las alturas centellea;<br />
abismo arriba, y en el fondo abismo;<br />
¿qué es al fin lo que acaba y lo que queda?<br />
En vano el pensamiento<br />
indaga y busca en lo insondable, ¡oh ciencia!<br />
Siempre, al llegar al término, ignoramos<br />
qué es al fin lo que acaba y lo que queda.</p>
<p>Arrodillada ante la tosca imagen,<br />
mi espíritu, abismado en lo infinito,<br />
impía acaso, interrogando al cielo<br />
y al infierno a la vez, tiemblo y vacilo.<br />
¿Qué somos? ¿Qué es la muerte? La campana<br />
con sus ecos responde a mis gemidos<br />
desde la altura, y sin esfuerzo el llanto<br />
baña ardiente mi rostro enflaquecido.</p>
<p>¡Qué horrible sufrimiento! ¡Tú tan solo<br />
lo puedes ver y comprender, Dios mío!<br />
¿Es verdad que los ves? Señor, entonces,<br />
piadoso y compasivo<br />
vuelve a mis ojos la celeste venda<br />
de la fe bienhechora que he perdido,<br />
y no consientas, no, que cruce errante,<br />
huérfano y sin arrimo,<br />
acá abajo los yermos de la vida,<br />
más allá las llanadas del vacío.</p>
<p>Sigue tocando a muerto, y siempre mudo<br />
e impasible el divino<br />
rostro del Redentor, deja que envuelto<br />
en sombras quede el humillado espíritu.<br />
Silencio, siempre; únicamente el órgano<br />
con sus acentos místicos<br />
resuena allá de la desierta nave<br />
bajo el arco sombrío.</p>
<p>Todo acabó quizás, menos mi pena,<br />
puñal de doble filo;<br />
todo, menos la duda que nos lanza<br />
de un abismo de horror en otro abismo.</p>
<p>Desierto el mundo, despoblado el cielo,<br />
enferma el alma y en el polvo hundido<br />
el sacro altar en donde<br />
se exhalaron fervientes mis suspiros,<br />
en mil pedazos roto<br />
mi Dios, cayó al abismo,<br />
y al buscarle anhelante, sólo encuentro<br />
la soledad inmensa del vacío.</p>
<p>De improviso los ángeles<br />
desde sus altos nichos<br />
de mármol, me miraron tristemente<br />
y una voz dulce resonó en mi oído:<br />
&#8220;Pobre alma, espera y llora<br />
a los pies del Altísimo;<br />
mas no olvides que al cielo<br />
nunca ha llegado el insolente grito<br />
de un corazón que de la vil materia<br />
y del barro de Adán formó sus ídolos.&#8221;</p>
<p><strong>5</strong></p>
<p>Adivínase el dulce y perfumado<br />
calor primaveral;<br />
los gérmenes se agitan en la tierra<br />
con inquietud en su amoroso afán,<br />
y cruzan por los aires, silenciosos,<br />
átomos que se besan al pasar.</p>
<p>Hierve la sangre juvenil, se exalta<br />
lleno de aliento el corazón, y audaz<br />
el loco pensamiento sueña y cree<br />
que el hombre es, cual los dioses, inmortal,<br />
No importa que los sueños sean mentira,<br />
ya que al cabo es verdad<br />
que es venturoso el que soñando muere,<br />
infeliz el que vive sin soñar.</p>
<p>¡Pero qué aprisa en este mundo triste<br />
todas las cosas van!<br />
¡Que las domina el vértigo creyérase!<br />
La que ayer fue capullo, es rosa ya,<br />
y pronto agostará rosas y plantas<br />
el calor estival.</p>
<p><strong>6</strong></p>
<p>Candente está la atmósfera;<br />
explora el zorro la desierta vía;<br />
insalubre se torna<br />
del limpio arroyo el agua cristalina,<br />
y el pino aguarda inmóvil<br />
los besos inconstantes de la brisa</p>
<p>Imponente silencio<br />
agobia la campiña;<br />
sólo el zumbido del insecto se oye<br />
en las extensas y húmedas umbrías,<br />
monótono y constante<br />
como el sordo estertor de la agonía.</p>
<p>Bien pudiera llamarse, en el estío,<br />
la hora del mediodía,<br />
noche en que al hombre, de luchar cansado,<br />
más que nunca le irritan<br />
de la materia la imponente fuerza<br />
y del alma las ansias infinitas.</p>
<p>Volved, ¡oh, noches del invierno frío,<br />
nuestras viejas amantes de otros días!<br />
Tornad con vuestros hielos y crudezas<br />
a refrescar la sangre enardecida<br />
por el estío insoportable y triste&#8230;<br />
¡Triste&#8230; lleno de pámpanos y espigas!</p>
<p>Frío y calor, otoño o primavera,<br />
¿dónde&#8230;, dónde se encuentra la alegría?<br />
Hermosas son las estaciones todas<br />
para el mortal que en sí guarda la dicha;<br />
mas para el alma desolada y huérfana<br />
no hay estación risueña ni propicia.</p>
<p><strong>7</strong></p>
<p>Un manso río, una vereda estrecha,<br />
un campo solitario y un pinar,<br />
y el viejo puente rústico y sencillo<br />
completando tan grata soledad.</p>
<p>¿Qué es soledad? Para llenar el mundo<br />
basta a veces un solo pensamiento.<br />
Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras<br />
el puente, el río y el pinar desiertos.</p>
<p>No son nube ni flor los que enamoran;<br />
eres tú, corazón, triste o dichoso,<br />
ya del dolor y del placer el árbitro,<br />
quien seca el mar y hace habitar el polo.</p>
<p><strong>8</strong></p>
<p>-Detente un punto, pensamiento inquieto;<br />
la victoria te espera,<br />
el amor y la gloria te sonríen.<br />
¿Nada de esto te halaga ni encadena?<br />
-Dejadme solo y olvidado y libre;<br />
quiero errante vagar en las tinieblas;<br />
mi ilusión más querida<br />
sólo allí dulce y sin rubor me besa.</p>
<p><strong>9</strong></p>
<p>Moría el sol, y las marchitas hojas<br />
de los robles, a impulso de la brisa,<br />
en silenciosos y revueltos giros<br />
sobre el fango caían:<br />
ellas, que tan hermosas y tan puras<br />
en el abril vinieron a la vida.</p>
<p>Ya era el otoño caprichoso y bello:<br />
¡cuán bella y caprichosa es la alegría!<br />
Pues en la tumba de las muertas hojas<br />
vieron sólo esperanzas y sonrisas.</p>
<p>Extinguióse la luz: llegó la noche<br />
como la muerte y el dolor, sombría;<br />
estalló el trueno, el río desbordóse<br />
arrastrando en sus aguas a las víctimas;<br />
y murieron dichosas y contentas&#8230;<br />
¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!</p>
<p><strong>10</strong></p>
<p>Del rumor cadencioso de la onda<br />
y el viento que muge;<br />
del incierto reflejo que alumbra<br />
la selva o la nube;<br />
del piar de alguna ave de paso;<br />
del agreste ignorado perfume<br />
que el céfiro roba<br />
al valle o a la cumbre,<br />
mundos hay donde encuentran asilo<br />
las almas que al peso<br />
del mundo sucumben.</p>
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		<title>A ORILLAS DEL SAR I</title>
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		<pubDate>Thu, 08 May 2008 12:47:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Recitando</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rosalía de Castro]]></category>

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		<description><![CDATA[1 A través del follaje perenne que oír deja rumores extraños, y entre un mar de ondulante verdura, amorosa mansión de los pájaros, desde mis ventanas veo el templo que quise tanto. El templo que tanto quise&#8230;, pues no sé decir ya si le quiero, que en el rudo vaivén que sin tregua se agitan [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>1</strong></p>
<p>A través del follaje perenne<br />
que oír deja rumores extraños,<br />
y entre un mar de ondulante verdura,<br />
amorosa mansión de los pájaros,<br />
desde mis ventanas veo<br />
el templo que quise tanto.</p>
<p>El templo que tanto quise&#8230;,<br />
pues no sé decir ya si le quiero,<br />
que en el rudo vaivén que sin tregua<br />
se agitan mis pensamientos,<br />
dudo si el rencor adusto<br />
vive unido al amor en mi pecho.</p>
<p><strong>2</strong></p>
<p>¡Otra vez!, tras la lucha que rinde<br />
y la incertidumbre amarga<br />
del viajero que errante no sabe<br />
dónde dormirá mañana,<br />
en sus lares primitivos<br />
halla un breve descanso mi alma.</p>
<p>Algo tiene este blando reposo<br />
de sombrío y de halagüeño,<br />
cual lo tiene, en la noche callada,<br />
de un ser amado el recuerdo,<br />
que de negras traiciones y dichas<br />
inmensas, nos habla a un tiempo.</p>
<p>Ya no lloro&#8230;, y no obstante, agobiado<br />
y afligido mi espíritu, apenas<br />
de su cárcel estrecha y sombría<br />
osa dejar las tinieblas<br />
para bañarse en las ondas<br />
de luz que el espacio llenan.</p>
<p>Cual si en suelo extranjero me hallase,<br />
tímida y hosca, contemplo<br />
desde lejos los bosques y alturas<br />
y los floridos senderos<br />
donde en cada rincón me aguardaba<br />
la esperanza sonriendo.</p>
<p><strong>3</strong></p>
<p>Oigo el toque sonoro que entonces<br />
a mi lecho a llamarme venía<br />
con sus ecos que el alba anunciaban,<br />
mientras, cual dulce caricia,<br />
un rayo de sol dorado<br />
alumbraba mi estancia tranquila.</p>
<p>Puro el aire, la luz sonrosada,<br />
¡qué despertar tan dichoso!<br />
Yo veía entre nubes de incienso,<br />
visiones con alas de oro<br />
que llevaban la venda celeste<br />
de la fe sobre sus ojos&#8230;</p>
<p>Ese sol es el mismo, mas ellas<br />
no acuden a mi conjuro;<br />
y a través del espacio y las nubes,<br />
y del agua en los limbos confusos,<br />
y del aire en la azul transparencia,<br />
¡ay!, ya en vano las llamo y las busco.</p>
<p>Blanca y desierta la vía<br />
entre los frondosos setos<br />
y los bosques y arroyos que bordan<br />
sus orillas, con grato misterio<br />
atraerme parece y brindarme<br />
a que siga su línea sin término.</p>
<p>Bajemos, pues, que el camino<br />
antiguo nos saldrá al paso,<br />
aunque triste, escabroso y desierto,<br />
y cual nosotros cambiado,<br />
lleno aún de las blancas fantasmas<br />
que en otro tiempo adoramos.</p>
<p><strong>4</strong></p>
<p>Tras de inútil fatiga, que mis fuerzas agota,<br />
caigo en la senda amiga, donde una fuente brota<br />
siempre serena y pura,<br />
y con mirada incierta, busco por la llanura<br />
no sé qué sombra vana o que esperanza muerta,<br />
no sé qué flor tardía de virginal frescura<br />
que no crece en la vía arenosa y desierta.</p>
<p>De la oscura Trabanca tras la espesa arboleda,<br />
gallardamente arranca al pie de la vereda<br />
La Torre y sus contornos cubiertos de follaje,<br />
prestando a la mirada descanso en su ramaje<br />
cuando de la ancha vega por vivo sol bañada<br />
que las pupilas ciega,<br />
atraviesa el espacio, gozosa y deslumbrada.</p>
<p>Como un eco perdido, como un amigo acento<br />
que sueña cariñoso,<br />
el familiar chirrido del carro perezoso<br />
corre en alas del viento y llega hasta mi oído<br />
cual en aquellos días hermosos y brillantes<br />
en que las ansias mías eran quejas amantes,<br />
eran dorados sueños y santas alegrías.</p>
<p>Ruge la Presa lejos&#8230;, y, de las aves nido,<br />
Fondón cerca descansa;<br />
la cándida abubilla bebe en el agua mansa<br />
donde un tiempo he creído de la esperanza hermosa<br />
beber el néctar sano, y hoy bebiera anhelosa<br />
las aguas del olvido, que es de la muerte hermano;<br />
donde de los vencejos que vuelan en la altura,<br />
la sombra se refleja;<br />
y en cuya linfa pura, blanca, el nenúfar brilla<br />
por entre la verdura de la frondosa orilla.</p>
<p><strong>5</strong></p>
<p>¡Cuán hermosa es tu vega, oh Padrón, oh Iria Flavia!<br />
Mas el calor, la vida juvenil y la savia<br />
que extraje de tu seno,<br />
como el sediento niño el dulce jugo extrae<br />
del pecho blanco y lleno,<br />
de mi existencia oscura en el torrente amargo<br />
pasaron, cual barrida por la inconstancia ciega,<br />
una visión de armiño, una ilusión querida,<br />
un suspiro de amor.</p>
<p>De tus suaves rumores la acorde consonancia,<br />
ya para el alma yerta tornóse bronca y dura<br />
a impulsos del dolor;<br />
secáronse tus flores de virginal fragancia;<br />
perdió su azul tu cielo, el campo su frescura,<br />
el alba su candor.<br />
La nieve de los años, de la tristeza el hielo<br />
constante, al alma niegan toda ilusión amada,<br />
todo dulce consuelo.<br />
Sólo los desengaños preñados de temores,<br />
y de la duda el frío,<br />
avivan los dolores que siente el pecho mío,<br />
y ahondando mi herida,<br />
me destierran del cielo, donde las fuentes brotan<br />
eternas de la vida.</p>
<p><strong>6</strong></p>
<p>¡Oh tierra, antes y ahora, siempre fecunda y bella!<br />
Viendo cuán triste brilla nuestra fatal estrella,<br />
del Sar cabe la orilla<br />
al acabarme, siento la sed devoradora<br />
y jamás apagada que ahoga el sentimiento,<br />
y el hambre de justicia, que abate y que anonada<br />
cuando nuestros clamores los arrebata el viento<br />
de tempestad airada.</p>
<p>Ya en vano el tibio rayo de la naciente aurora<br />
tras del Miranda altivo,<br />
valles y cumbres dora con su resplandor vivo;<br />
en vano llega mayo de sol y aromas lleno,<br />
con su frente de niño de rosas coronada,<br />
y con su luz serena:<br />
en mi pecho ve juntos el odio y el cariño,<br />
mezcla de gloria y pena,<br />
mi sien por la corona del mártir agobiada<br />
y para siempre frío y agotado mi seno.</p>
<p><strong>7</strong></p>
<p>Ya que de la esperanza, para la vida mía,<br />
triste y descolorido ha llegado el ocaso,<br />
a mi morada oscura, desmantelada y fría,<br />
tornemos paso a paso,<br />
porque con su alegría no aumente mi amargura<br />
la blanca luz del día.</p>
<p>Contenta el negro nido busca el ave agorera;<br />
bien reposa la fiera en el antro escondido,<br />
en su sepulcro el muerto, el triste en el olvido<br />
y mi alma en su desierto.</p>
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